lesmo
Poeta veterano en el portal
¡... cuando dejes que te quiera!
Enamorado, loco y solitario,
en esta ruina atroz de mi calvario,
pasa la sucesión de las auroras;
anudadas, cual cuentas de un rosario,
van cayendo en mi espíritu las horas.
Con tu recuerdo –¡oh pálida hermosura;
oh tu cándida flor, la flor más pura–,
como un novio infeliz camino ciego,
en una suerte vana de amargura,
sin poder abrasarme con tu fuego.
¡Oh dulce libación de tu cintura,
destino de mi larga singladura!
¡Oh mares procelosos donde entrego
este mal navegar –deshecha amura–,
en los cuales parece que no llego!
Si al llevarte constate en la memoria,
sin esperanza de lograr la gloria,
guerrero, caigo con el pecho abierto,
y sin probar la miel de la victoria,
tal vez sea el morir –¡estar ya muerto!–,
de los senderos todos, el más cierto:
¡oh quimérica paz de la ilusoria
llegada a la bocana de tu puerto,
para mi barco destrozado y yerto!
Guerrero amante ¡ay cómo quisiera
amarrar mis maromas a tu vera
y descansar, por fin, en esa calma
del tedio que me agota todo el alma!
¡Oh mi amor, cuando dejes que te quiera!
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