Cuando el alma deja el cuerpo

rafael prado

Poeta recién llegado
CUANDO EL ALMA DEJA EL CUERPO,
viaja entre una luz, como alas que mueve el viento;
atravesando montañas, pueblos y caminos viejos,
mira desde la distancia, todo lo que amó un día,
pero a medida que se aleja, se despejan sus recuerdos.
Con la impotencia de ser, arrastrado por una fuerza,
que no puede controlar y es como un tormento.
Viendo cómo se alejan, hijos, mujer y nietos,
tiende su mano en vano, acariciando el firmamento;
los contempla con ternura y llora con desespero,
pero cada lagrima es presagio, de un viaje sin regreso.
A su encuentro sale Sara, Antonino, Diego y Debora;
volver a mirar sus rostros, estremece sus cimientos,
de tantos años vividos, y tantas luchas perdidas,
de dolores y festejos, y amores en el desierto.
Los abraza y se disuelven, en un solo sentimiento;
es como abrazar el aire, que gira en el firmamento.
Ellos lo llevan en paz, por un camino de rosas,
girasoles y geranios; y a medida que da un paso,
siente que dejó una huella, y ríe con sentimiento.
 
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