Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
No pudo ser
Nos dijimos ¡hasta nunca!
tras discutir, cada día,
con el mínimo pretexto
y por las cosas mas nimias.
Yo dije que fue su culpa
y, ella, que fue culpa mía.
Ninguno quiso ceder
ni ofrecer una disculpa.
Y, aunque tanto la quería,
lo nuestro, no pudo ser.
Nunca se aprende
Una densa sucesión
de traiciones y reproches,
pintó nuestra relación
de negro, como la noche.
Pero fue meses atrás,
cuando las desavenencias,
por falsear la verdad,
agotaron mi paciencia.
Hasta que, por fin,un día,
plantándome, dije ¡basta!,
luego, le quité importancia,
y, después, la perdonaba.
Desastroso sinsentido
que resultó ser fatal,
pues puse punto seguido,
en vez de punto y final.
Y al cabo de poco tiempo,
me la volvía a pegar
Nos dijimos ¡hasta nunca!
tras discutir, cada día,
con el mínimo pretexto
y por las cosas mas nimias.
Yo dije que fue su culpa
y, ella, que fue culpa mía.
Ninguno quiso ceder
ni ofrecer una disculpa.
Y, aunque tanto la quería,
lo nuestro, no pudo ser.
Nunca se aprende
Una densa sucesión
de traiciones y reproches,
pintó nuestra relación
de negro, como la noche.
Pero fue meses atrás,
cuando las desavenencias,
por falsear la verdad,
agotaron mi paciencia.
Hasta que, por fin,un día,
plantándome, dije ¡basta!,
luego, le quité importancia,
y, después, la perdonaba.
Desastroso sinsentido
que resultó ser fatal,
pues puse punto seguido,
en vez de punto y final.
Y al cabo de poco tiempo,
me la volvía a pegar