nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando el poeta duda del cielo
y sus manos ya no cantan,
contempla sin morir como
el grito humedecido de la noche
tiñe de lamentos los corredores
de toda la soledad unida,
invadiendo a golpes
sus entrañas.
Agonizan sus latidos,
secos y ahogados gemidos
que circulan quebradizos
sobre la extensión vacía de su pecho.
Estériles sentidos van
rozando cada yema de sus dedos
y lo mismo que las sombras,
mueren perdidos,
arrastrando delirios con la
voz ahuecada del olvido.
Cuando el poeta duda del cielo,
la luz desfallece,
encarcelando en el infinito
la sabia pureza del sentir...
NUNA.
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