Cuando el sopor de los vocablos

cipres1957

Poeta veterano en el portal
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.
 
Última edición:
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/
¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.
Qué bueno encontrarme con tus letras, compañero,
todo un lujo primaveral,un lujo...
Un abrazo, señor ciprés,desde este lado de abril.
 
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.

Cuando la melancolia reposa, uno barre y ve el
lazo de la nada. se pregunta, hace espacios de busqueda
y al final el reposo apacible lo lleva a ese abrupto
acantilado de la nostalgia vital.
bello recorrido, expresiones repartidas en una
claridad sincera de tristeza.
saludos amables de luzyabsenta. bellissimo.
 


POEMA RECOMENDADO

MUNDOPOESIA.COM


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CON TODO EL CARIÑO DE MUNDOPOESIA.COM

 
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.


Preciosa melancolía, una mirada nostálgica con bellísimas palabras.

Saludos,

Palmira
 
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.
Nada que podamos retener más que en la memoria.Y qué tiene de malo después de todo.
Ser como un libro en blanco en el que se escribe de todo para luego arrancar cada hoja es sólo una opción. Si en apariencia todo cambia, aceptemos que debemos cambiar también, aunque por dentro nos mostremos y nos hundamos como siempre. Saludos cordiales para ti Daniel.
 
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.
y como calan en lo profundo tus letras, grato encontrarte, saludos cordiales
 
Del transcurrir nada queda,
los prefacios cerrados de una infancia
suelen abrirse a los ojos de una noche de cemento:
pasan de largo por la acera de los recuerdos.
En lugares entablados fantasmas hacen tabla
encerrados en alcoholizadas botellas;
la mano que mece la muerte
no alcanzó a tomar la guadaña;
el virus inmaculado de un infante preñado de ilusiones
reposa bajo la forma de una dádiva.

/He salido a buscarte en casas extrañas,
en pertrechos de guerras sufragadas
que dejaron saldos negativos de auroras/

¿Dónde estás niña de río?
Dejé dos nenúfares en tu orilla de juncos
y una nota desterrada
subiendo la cascada de las palabras.

/Eras entonces en aquella jangada: prisionera de mis juegos,
la Roma incendiada con pétalos de naranjas,
una selva entre lianas y balcones de inocencia,
la fluidez de la paloma encaramada en mi espalda./

Agradezco los rebaños que contaste para mí
cuando el sopor de los vocablos
no mitigaba el hambre de los espantos,
rellanos de alboradas sin reflejos de vida.
De todo eso no distraigo mi consciente inconsciencia
y el paso abarcador que nada abarca
pero que cubre más de una distancia.

Más allá de las palabras: nada.
Los ajustes de cuentas, el saldo de haber vivido, la vida indiferenciable de los sueños, el porvenir que viene del pasado... Y muchas más sugerencias hacen eco en tu nítido poema, carísimo compañero.
Recibe un buen abrazo.
P.
 

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