demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Cuando la luna nacía en el oeste
Hubo una vez, que la madre del resplandor,
me cedía su fulgor con mucho empeño,
era entonces su brillo el escritor,
redactando los versos para mis sueños.
Un ejército de lunas, subió y bajó,
por el pasillo de oscura alfombra,
entonces la noche tenía luz y yo,
solía caminar por entre su sombra.
Las barcas nubosas seguían su destino,
sin parar en el cielo de mi ilusión,
hasta que una nube gris y opaca vino,
y detuvo desde entonces su timón.
Las noches nacientes sobre la vereda,
ahora solo, oscuro resplandor dan,
pues aunque hay luna, su brillo se queda,
en días lejanos que ya no volverán.
Y es que el tiempo, es el guerrero cuerdo,
al que solo los locos, logran comprender,
y antes que yo asesine mi recuerdo,
el recuerdo habrá asesinado a mi ser.
me cedía su fulgor con mucho empeño,
era entonces su brillo el escritor,
redactando los versos para mis sueños.
Un ejército de lunas, subió y bajó,
por el pasillo de oscura alfombra,
entonces la noche tenía luz y yo,
solía caminar por entre su sombra.
Las barcas nubosas seguían su destino,
sin parar en el cielo de mi ilusión,
hasta que una nube gris y opaca vino,
y detuvo desde entonces su timón.
Las noches nacientes sobre la vereda,
ahora solo, oscuro resplandor dan,
pues aunque hay luna, su brillo se queda,
en días lejanos que ya no volverán.
Y es que el tiempo, es el guerrero cuerdo,
al que solo los locos, logran comprender,
y antes que yo asesine mi recuerdo,
el recuerdo habrá asesinado a mi ser.