sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando la muerte muere
se disloca la mente
se abalanza el silencio por el olor a sangre
se derraman las frases por sus labios
pero existe algo que se hace en el olor
a su último deseo,
se agarran las raíces de sangre
y se congestiona los vasos sanguíneos
por el temor a un alma agarrada a su cuerpo.
En el énfasis se acuesta el terremoto de los pensamientos
se abalanza la fiebre del espíritu
se apaga la voz de los días
y se acuesta el alma
de los pensamientos,
se introduce el soneto por el tiempo
los ecos de la muerte están
cerca de pasar al otro lado
pues la muerte somos a la vez que llegamos
a un mundo de nuevo por el aire,
somos fantasmas de una misma imagen
que el por el alba hemos enterrado
ya no somos peces en el agua
ya no somos almas en el templo de los labios
y allí donde se escribe todo
redactado por la voz sin pausa,
es el fin de los días
un apocalipsis que se aplasta entre las sabanas de muertes
y allí a los versos de los días
que se agarran a los futuros sueños
y en mitad de la crucifixión de los horizontes
se apaga el día entre los versos ardientes
y allí donde se apaga el verso
se agarra el pedestal de los valientes
para llegar a la muerte disecada
en el puente de los terrenos
que llegan a oídos de un mar aullando
con las brisas de las olas
que quedan petrificadas
a la vez que derraman la sal
por el conducto de sus espectaculares imágenes
que quedan llenadas de magia
y de una libertad
que les lleva a soñar
y a perseguir
otra dimensión
esa que hallara a otra muerte
pero pasando por el tobogán
de un amor paranormal.
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