El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
.........
Hoy me he propuesto vomitar este poema
un poco más despacio,
con algún cigarro de menos
para que no me robe tu sabor de mi boca
y se lo lleve humo arriba para almacenar nubes
de tus distintos gustos.
Quisiera entrar en ti como quien invade un país,
desnudando fronteras como si fuese ropa.
Tengo un ejército hambriento sobre mis dedos
y mi lengua
habla tu misma lengua,
mis labios
tienen celos al verte besar un vaso de cerveza.
Abierta, así es como te quiero,
abierta de cuerpo y alma
cuando la piel estorba.
Te observo libre
y en mí surgen los ojos atónitos
del navegante que descubre tierra virgen
y, como él,
yo intuyo el mapa en tu espalda
apenas explorada
por el ejército hambriento que tengo entre los dedos.
En la siguiente cerveza me pido destapar tus secretos
e investigar con mis dientes fríos
el rincón más recóndito de tu cuerpo,
allá donde brota el néctar que empapa
la tinta tatuada sobre la tez de mis poemas,
esos que escribo con los mismos dedos,
esos que lees sin darte cuenta cuando te abres por dentro,
y hasta la piel estorba.
Hoy me he propuesto vomitar este poema
un poco más despacio,
con algún cigarro de menos
para que no me robe tu sabor de mi boca
y se lo lleve humo arriba para almacenar nubes
de tus distintos gustos.
Quisiera entrar en ti como quien invade un país,
desnudando fronteras como si fuese ropa.
Tengo un ejército hambriento sobre mis dedos
y mi lengua
habla tu misma lengua,
mis labios
tienen celos al verte besar un vaso de cerveza.
Abierta, así es como te quiero,
abierta de cuerpo y alma
cuando la piel estorba.
Te observo libre
y en mí surgen los ojos atónitos
del navegante que descubre tierra virgen
y, como él,
yo intuyo el mapa en tu espalda
apenas explorada
por el ejército hambriento que tengo entre los dedos.
En la siguiente cerveza me pido destapar tus secretos
e investigar con mis dientes fríos
el rincón más recóndito de tu cuerpo,
allá donde brota el néctar que empapa
la tinta tatuada sobre la tez de mis poemas,
esos que escribo con los mismos dedos,
esos que lees sin darte cuenta cuando te abres por dentro,
y hasta la piel estorba.
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