Elisalle
Poetisa
CUANDO LA VIDA PONE UN ESPEJO.
Era un camino agreste
de un pueblo provinciano,
gloria era ir para allá,
bueyes, patos, gallinas,
todos conversando.
Ella no me quería mucho,
es que no me vio crecer
y cuando me conoció
yo andaba enamorando;
poca importancia daba
a lo que debía importarme
pero es así la juventud,
son otros los intereses,
los grandes para recuerdos
y no mezclarlos con verdes.
Ella,
mi abuela,
era indiferente
pero amaba a mi madre,
para mí era suficiente.
Un domingo soleado,
ayer,
en medio de tanto invierno,
aquí es del cielo regalo.
(para algunos)
¿Y si voy a curiosear?
Y fui
Por la calle de la casa
se amontonaron recuerdos,
las voces hicieron ecos
y rieron los ancestros.
La casa de mi abuela
la reconocí de inmediato,
no tuve pena por su ausencia,
otras cosas me dañaron.
Fui feliz allí
a los dieciséis años,
mi primer viaje al Sur
después de toda una vida
en que mis padres lo dejaron.
Yo sé que fui inconsciente
con la MENA.
¿Pero quién a esa edad no lo es?
Todo está cambiado,
el camino pavimentado
y las casas de algunos tíos
hoy parecen de hacendados
-Toda la vida trabajando, también-
La de mi abuela no se nota,
por fuera está así no más
pero por dentro es un hotel,
un museo,
la prima soltera la tiene así,
no dan ganas ni de sentarse,
alisé después de pararme
los cojines hundidos,
miraba bien no haber ensuciado,
pareciera tiempo que nadie se ha sentado
y hasta las camas están para el otro lado;
hay puros muebles caros
en el lugar tan recordado
donde ella ponía el mate
y la tetera al lado,
en una mesita chica
con mantelito blanco
-claro, para mi mami-
Un huevito en el sartén,
recién salido de la gallina,
tibiecito y el pan amasado
para que comiera mi mami.
Mi abuela nunca me quiso
pero estuvimos pagadas,
tampoco nació el cariño
en esta nieta alocada.
Yo tuve ayer, ay,
mejor ni cuento que somos hartos,
pareceré presumida
PERO SOMOS MÁS DE CIEN
los puros primos,
-lo dije-
porque mi santa abuela,
año de casada,
año embarazada y fueron muchos...
Ya quedan pocos tíos,
el menor me gana por siete años,
la misma nada
y los primos que vi
fueron pocos,
están todos desparramados,
mi patria,
siembra de Vallejos
hasta en Isla de Pascua
y también en otros lados.
Los que vi,
mi alma, que están viejos
y algunos tienen mi edad,
la vida me puso un espejo
porque en ellos me vi retratada,
yo debo estar igual
pero como me miro yo,
alucino que el tiempo
por mí no pasa, no señor,
pero pasa igual
No más que no le hago caso.
Cuando regresaba,
miré largo la casa de mi abuela.
No sé cuando vuelva,
no me gustó nada
ver la realidad
y solo una cosa más:
bendita abuela,
no importa lo demás,
me diste el regalo más amado,
en ese montón de hijos
estaba mi mamá.
de un pueblo provinciano,
gloria era ir para allá,
bueyes, patos, gallinas,
todos conversando.
Ella no me quería mucho,
es que no me vio crecer
y cuando me conoció
yo andaba enamorando;
poca importancia daba
a lo que debía importarme
pero es así la juventud,
son otros los intereses,
los grandes para recuerdos
y no mezclarlos con verdes.
Ella,
mi abuela,
era indiferente
pero amaba a mi madre,
para mí era suficiente.
Un domingo soleado,
ayer,
en medio de tanto invierno,
aquí es del cielo regalo.
(para algunos)
¿Y si voy a curiosear?
Y fui
Por la calle de la casa
se amontonaron recuerdos,
las voces hicieron ecos
y rieron los ancestros.
La casa de mi abuela
la reconocí de inmediato,
no tuve pena por su ausencia,
otras cosas me dañaron.
Fui feliz allí
a los dieciséis años,
mi primer viaje al Sur
después de toda una vida
en que mis padres lo dejaron.
Yo sé que fui inconsciente
con la MENA.
¿Pero quién a esa edad no lo es?
Todo está cambiado,
el camino pavimentado
y las casas de algunos tíos
hoy parecen de hacendados
-Toda la vida trabajando, también-
La de mi abuela no se nota,
por fuera está así no más
pero por dentro es un hotel,
un museo,
la prima soltera la tiene así,
no dan ganas ni de sentarse,
alisé después de pararme
los cojines hundidos,
miraba bien no haber ensuciado,
pareciera tiempo que nadie se ha sentado
y hasta las camas están para el otro lado;
hay puros muebles caros
en el lugar tan recordado
donde ella ponía el mate
y la tetera al lado,
en una mesita chica
con mantelito blanco
-claro, para mi mami-
Un huevito en el sartén,
recién salido de la gallina,
tibiecito y el pan amasado
para que comiera mi mami.
Mi abuela nunca me quiso
pero estuvimos pagadas,
tampoco nació el cariño
en esta nieta alocada.
Yo tuve ayer, ay,
mejor ni cuento que somos hartos,
pareceré presumida
PERO SOMOS MÁS DE CIEN
los puros primos,
-lo dije-
porque mi santa abuela,
año de casada,
año embarazada y fueron muchos...
Ya quedan pocos tíos,
el menor me gana por siete años,
la misma nada
y los primos que vi
fueron pocos,
están todos desparramados,
mi patria,
siembra de Vallejos
hasta en Isla de Pascua
y también en otros lados.
Los que vi,
mi alma, que están viejos
y algunos tienen mi edad,
la vida me puso un espejo
porque en ellos me vi retratada,
yo debo estar igual
pero como me miro yo,
alucino que el tiempo
por mí no pasa, no señor,
pero pasa igual
No más que no le hago caso.
Cuando regresaba,
miré largo la casa de mi abuela.
No sé cuando vuelva,
no me gustó nada
ver la realidad
y solo una cosa más:
bendita abuela,
no importa lo demás,
me diste el regalo más amado,
en ese montón de hijos
estaba mi mamá.
Margarita
09/07/2012
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