Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando llueve en la noche taciturna,
mi corazón se viste de amargura,
y en cada gota que al cristal rezuma,
se escucha tu voz dulce y prematura.
Recuerdo aquellos días de ternura,
cuando el sol brillaba sin censura,
y tus ojos, faros de mi locura,
eran mi faro, mi paz segura.
El viento canta y trae tu figura,
como un susurro, como una luna,
y en la lluvia, tu risa se murmura,
eco de un amor que aún perdura.
Llueve y la memoria se empecina,
en revivir cada caricia pura,
de un pasado que en mi ser se encina,
como una eterna, triste partitura.
Las gotas caen, cual lágrimas en fila,
pintan en mi ventana tu hermosura,
y aunque el tiempo a veces nos mutila,
tu amor es mi eterna, dulce cura.
mi corazón se viste de amargura,
y en cada gota que al cristal rezuma,
se escucha tu voz dulce y prematura.
Recuerdo aquellos días de ternura,
cuando el sol brillaba sin censura,
y tus ojos, faros de mi locura,
eran mi faro, mi paz segura.
El viento canta y trae tu figura,
como un susurro, como una luna,
y en la lluvia, tu risa se murmura,
eco de un amor que aún perdura.
Llueve y la memoria se empecina,
en revivir cada caricia pura,
de un pasado que en mi ser se encina,
como una eterna, triste partitura.
Las gotas caen, cual lágrimas en fila,
pintan en mi ventana tu hermosura,
y aunque el tiempo a veces nos mutila,
tu amor es mi eterna, dulce cura.