prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando me desato de tus brazos y sigo mis sueños
descubro que, de vez en cuando, en la cumbre
de las más altas montañas hay hierba,
frágil vida que el viento o algún pájaro perdido
dejo caer de su pico y retomó fuerzas,
se pegó a un gramo de polvo mojado por las nubes.
Pero, amor, pienso yo también,
que suerte llegar hasta allá.
Y vuelvo a ti con las manos vacías.
Te encuentro la misma.
Miro los campos.
Y me rindo ante la lógica.
Verdes tus ojos.
Verdes por dentro.
Verdes por el alma.
Verdes por mi muerte,
por las veces que no miran y las que dejo de ser hierba de tu tierra.
descubro que, de vez en cuando, en la cumbre
de las más altas montañas hay hierba,
frágil vida que el viento o algún pájaro perdido
dejo caer de su pico y retomó fuerzas,
se pegó a un gramo de polvo mojado por las nubes.
Pero, amor, pienso yo también,
que suerte llegar hasta allá.
Y vuelvo a ti con las manos vacías.
Te encuentro la misma.
Miro los campos.
Y me rindo ante la lógica.
Verdes tus ojos.
Verdes por dentro.
Verdes por el alma.
Verdes por mi muerte,
por las veces que no miran y las que dejo de ser hierba de tu tierra.
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