Dr Jose Roberto Hernandez
Poeta asiduo al portal
El día que me sobró el amor, me puse a pensar en roer para que mis dientes no fueran tan alarmantemente largos.
El día que comencé a tener sobrepeso de besos, recuerdo que caían al vacio, rebotaban en el suelo y a veces alcanzaba a hacerlos globos con un poco de "fa" y un desechado e incompleto tubo de desodorante.
El día que me sobró el amor, las celulitis de caricias gobernaban mis caderas y los músculos se sustituían por orgasmos incompletos.---Ese 30 de febrero, recuerdo que mis coronarias tupidas de besos, eran el reflejo de las grasas, las brumas y las ansiedades en mi sangre y en mi lecho.
El día que el amor quiso matar mi corazón, con sus depósitos rellenos en mi cuerpo, con su amenaza a la zona cerebral de mi poesía y su sombrero de alas anchas...
Decidí embotellar mis caricias, venderme como un niño y encontrar un riachuelo, una sonrisa y ofrecer en especial, mi vida entera
Vampi
El día que comencé a tener sobrepeso de besos, recuerdo que caían al vacio, rebotaban en el suelo y a veces alcanzaba a hacerlos globos con un poco de "fa" y un desechado e incompleto tubo de desodorante.
El día que me sobró el amor, las celulitis de caricias gobernaban mis caderas y los músculos se sustituían por orgasmos incompletos.---Ese 30 de febrero, recuerdo que mis coronarias tupidas de besos, eran el reflejo de las grasas, las brumas y las ansiedades en mi sangre y en mi lecho.
El día que el amor quiso matar mi corazón, con sus depósitos rellenos en mi cuerpo, con su amenaza a la zona cerebral de mi poesía y su sombrero de alas anchas...
Decidí embotellar mis caricias, venderme como un niño y encontrar un riachuelo, una sonrisa y ofrecer en especial, mi vida entera
Vampi