emiliovicencio
Poeta recién llegado
Cuando no lo puedes decir
Cuando algo te oprime el pecho, y sientes que no puedes mas, que te va a reventar en cualquier momento, y que te mueres... La miras a los ojos, y una extraña fuerza te hace callarlo, aunque por dentro se sienta como la explosión de una bomba nuclear, devastando cartílagos, pulmones, todo por igual.
Es entonces (cuando la miras a los ojos), cuando sientes que todo lo que has hecho a valido la pena, todo por mirarla tan solo un instante a los ojos.
Es cuando por haberla visto una vez mas, sientes que la gran explosión que llegaste a sentir, se apaga, restaurando todo lo que antaño destruyo.
Pero cuando se va, vuelve esa maldita manía de recriminarse por no tener el valor de decir que en verdad, no la sientes como amiga o algo por el estilo, sino como algo mas, algo que no se puede describir con palabras, sino con besos, que no se cuenta con tiempo, sino con abrazos, algo que la mayoría de las personas se niega a dar no por no quererla dar, sino por la maldita cobardía que no me deja en paz, ese sentimiento de rechazo de los demás.
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Cuando algo te oprime el pecho, y sientes que no puedes mas, que te va a reventar en cualquier momento, y que te mueres... La miras a los ojos, y una extraña fuerza te hace callarlo, aunque por dentro se sienta como la explosión de una bomba nuclear, devastando cartílagos, pulmones, todo por igual.
Es entonces (cuando la miras a los ojos), cuando sientes que todo lo que has hecho a valido la pena, todo por mirarla tan solo un instante a los ojos.
Es cuando por haberla visto una vez mas, sientes que la gran explosión que llegaste a sentir, se apaga, restaurando todo lo que antaño destruyo.
Pero cuando se va, vuelve esa maldita manía de recriminarse por no tener el valor de decir que en verdad, no la sientes como amiga o algo por el estilo, sino como algo mas, algo que no se puede describir con palabras, sino con besos, que no se cuenta con tiempo, sino con abrazos, algo que la mayoría de las personas se niega a dar no por no quererla dar, sino por la maldita cobardía que no me deja en paz, ese sentimiento de rechazo de los demás.
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