IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Cuando ya nadie padezca,
cuando las estrellas
no me duerman en su mar,
ni me sigan, tramando,
otro amanecer hambriento,
cuando la armonía de mis pasos
no deje herida,
en la simpleza austera,
de estos suelos entendidos,
entonces me habré convertido,
completamente, en lumínico viajero,
tal vez en el canto, de aquellos poetas,
que recobrarán en sus letras,
designios transitables,
más allá de mis certezas,
ya antes leídas,
cuando ya nadie me nombre,
cuando ya no sea más un reflejo,
digno espejo, de este umbral taciturno,
quizás haya una luz que me comprenda,
largo mis besos al viento,
que los eleve cuanto él quisiera,
pero si alguien debiera escuchar por un momento,
no los escribo por lamento
sino deseando contar,
yo anhelo forjar un sendero
que me acerque, cual alma estribera,
tensando, como pluma, mi corazón,
y si son pocos sus sueños,
les dejo mi inspiración.
cuando las estrellas
no me duerman en su mar,
ni me sigan, tramando,
otro amanecer hambriento,
cuando la armonía de mis pasos
no deje herida,
en la simpleza austera,
de estos suelos entendidos,
entonces me habré convertido,
completamente, en lumínico viajero,
tal vez en el canto, de aquellos poetas,
que recobrarán en sus letras,
designios transitables,
más allá de mis certezas,
ya antes leídas,
cuando ya nadie me nombre,
cuando ya no sea más un reflejo,
digno espejo, de este umbral taciturno,
quizás haya una luz que me comprenda,
largo mis besos al viento,
que los eleve cuanto él quisiera,
pero si alguien debiera escuchar por un momento,
no los escribo por lamento
sino deseando contar,
yo anhelo forjar un sendero
que me acerque, cual alma estribera,
tensando, como pluma, mi corazón,
y si son pocos sus sueños,
les dejo mi inspiración.