Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Será el día más corto.
La noche más larga.
El insomnio y el llanto,
la angustia y la depresión.
El miedo y la desesperanza.
La música del olvido.
Un poema y una flor.
No comprenderé el motivo.
no entenderé la razón.
Mi corazón latirá desacompasado,
y buscaré entre cuatro paredes,
un soplo de vida que marchó.
Cuando te vayas.
Te suplicaré que vuelvas.
O callaré en mi locura.
O lloraré a todo el mundo
la misma canción.
El mismo recuerdo
con la misma voz temblorosa.
Recuerdo de unos ojos bravos
que rompieron mi luz.
Entre tinieblas
buscaré palpando cristales.
Tu esencia que perdí.
Tu ropa, tus andares,
marcharon contigo y todas
mis primaveras, las tuyas.
Pena,
pena
y más pena...
Llega la hora
de poner de nuevo
en orden mi vida.
De a prender a vivir solo.
Agarrado como
una lapa a su condena.
Será una larga vejez.
Intentaré dulcificarla.
Hacer mi presencia agradable.
Mis recuerdos pasajeros.
Vivir una nueva vida.
Sin rencores ni abatimientos.
Pensar con las ideas que atisben
aquellas que persigan un buen fin.
Quizás no nos vayamos nunca.
Porque ya nos hemos ido
sin darnos cuenta.
Aún me importas.
Aun te quiero.
Pero como hacértelo ver.
Como no agobiarte
con mi poesía.
Con mis regalos
y marrullerías.
Con mi existencia
y mansedumbre felina.
Me importas y me preocupa
que un día no pueda cuidarte
y tu no puedas cuidarme a mí.
Porque en el fondo
somos dos cuidadores.
También dos amigos,
que algo deben quererse.
Que algo comparten
a parte de berrinches
de rimel aún sonrientes.
Hay corazón:
Cuando te vayas, tendrás
mi libertad, mi comprensión.
Mis palabras
quedarán mudas
en mi garganta.
Quizás las tristezas de mi pluma
aun supliquen palabras
de cariño.
Para que no me olvides.
Para que tu abandono
madure y germine
Piel con piel.
Beso a beso.
Verso a verso ire deshojando
las hojas de éste otoño.
Desnudos árboles me hablan
de un bosque que existe.
Esperare primaveras
Al menos su recuerdo
anida aún en mi alma.
La noche más larga.
El insomnio y el llanto,
la angustia y la depresión.
El miedo y la desesperanza.
La música del olvido.
Un poema y una flor.
No comprenderé el motivo.
no entenderé la razón.
Mi corazón latirá desacompasado,
y buscaré entre cuatro paredes,
un soplo de vida que marchó.
Cuando te vayas.
Te suplicaré que vuelvas.
O callaré en mi locura.
O lloraré a todo el mundo
la misma canción.
El mismo recuerdo
con la misma voz temblorosa.
Recuerdo de unos ojos bravos
que rompieron mi luz.
Entre tinieblas
buscaré palpando cristales.
Tu esencia que perdí.
Tu ropa, tus andares,
marcharon contigo y todas
mis primaveras, las tuyas.
Pena,
pena
y más pena...
Llega la hora
de poner de nuevo
en orden mi vida.
De a prender a vivir solo.
Agarrado como
una lapa a su condena.
Será una larga vejez.
Intentaré dulcificarla.
Hacer mi presencia agradable.
Mis recuerdos pasajeros.
Vivir una nueva vida.
Sin rencores ni abatimientos.
Pensar con las ideas que atisben
aquellas que persigan un buen fin.
Quizás no nos vayamos nunca.
Porque ya nos hemos ido
sin darnos cuenta.
Aún me importas.
Aun te quiero.
Pero como hacértelo ver.
Como no agobiarte
con mi poesía.
Con mis regalos
y marrullerías.
Con mi existencia
y mansedumbre felina.
Me importas y me preocupa
que un día no pueda cuidarte
y tu no puedas cuidarme a mí.
Porque en el fondo
somos dos cuidadores.
También dos amigos,
que algo deben quererse.
Que algo comparten
a parte de berrinches
de rimel aún sonrientes.
Hay corazón:
Cuando te vayas, tendrás
mi libertad, mi comprensión.
Mis palabras
quedarán mudas
en mi garganta.
Quizás las tristezas de mi pluma
aun supliquen palabras
de cariño.
Para que no me olvides.
Para que tu abandono
madure y germine
Piel con piel.
Beso a beso.
Verso a verso ire deshojando
las hojas de éste otoño.
Desnudos árboles me hablan
de un bosque que existe.
Esperare primaveras
Al menos su recuerdo
anida aún en mi alma.