Arturo Parnaso
Poeta recién llegado
Cuando tirotean al gallo
Traquetean
alto ¿oís? altísimo
los barones del capitalismo
garrotean, he dicho,
allí,
descorazonadores
se nos arriman, paisano
los arpones industriales
parasitarios que nos zampan,
mi querido embaldosado,
nos engullen, he dicho,
sudando burguesa sentina
embarullándonos hasta en las muertes
pariéndonos hasta nuestras mentiras
Golpetea la mesa el milico
con su cachiporra mulata
ajándole al cartón que tiene de mujer
un poco de caucho en la espalda
algunas devotas lágrimas con nafta
Traquetean
alto ¿oís? ¡más alto!
los taladros del imperialismo
horadan, he dicho,
allí,
irrazonadores
vienen llegando, paisano mío
los varones fulminantes
son los que castran
son los que siegan
puñados de manos reventadas por la cal
sumideros bancarios
mutuales del mundo
deshuesando la espalda cuarteada del peón
Mientras tanto,
más acá, más adentro,
basta el firme remache en ambas manos
contra el cuero terso de una viga
para sesgarse así,
fútilmente cansado,
como a mitad de caída,
y hurgarse bajo los párpados
esas láminas de lloros y lloros
que van dejando
los años
de quietud
los kilómetros
de hábito
Espero que a alguien le guste.
Traquetean
alto ¿oís? altísimo
los barones del capitalismo
garrotean, he dicho,
allí,
descorazonadores
se nos arriman, paisano
los arpones industriales
parasitarios que nos zampan,
mi querido embaldosado,
nos engullen, he dicho,
sudando burguesa sentina
embarullándonos hasta en las muertes
pariéndonos hasta nuestras mentiras
Golpetea la mesa el milico
con su cachiporra mulata
ajándole al cartón que tiene de mujer
un poco de caucho en la espalda
algunas devotas lágrimas con nafta
Traquetean
alto ¿oís? ¡más alto!
los taladros del imperialismo
horadan, he dicho,
allí,
irrazonadores
vienen llegando, paisano mío
los varones fulminantes
son los que castran
son los que siegan
puñados de manos reventadas por la cal
sumideros bancarios
mutuales del mundo
deshuesando la espalda cuarteada del peón
Mientras tanto,
más acá, más adentro,
basta el firme remache en ambas manos
contra el cuero terso de una viga
para sesgarse así,
fútilmente cansado,
como a mitad de caída,
y hurgarse bajo los párpados
esas láminas de lloros y lloros
que van dejando
los años
de quietud
los kilómetros
de hábito
Espero que a alguien le guste.