José Lucena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando yo muera no le digas a nadie
que el silencio quedó incrustado
entre dientes y una gotera.
No anuncies mi verso cerca
de los oídos de los tontos
que vociferan conocer el amor
sin antes rayar sus almas y costillas.
Cuando yo muera no le digas a nadie
que absolutamente nadie amó o escupió mi herida.
Que vivir duele mucho,
que ninguna Eva se interesó por amar mi locura
y que no hubo sombra en el cielo
que beneficiara mis tormentos.
Cuando yo muera no le digas a nadie
el color del amor.
No le digas a nadie que hubo un eco
(sin origen)
que anunciaba: ELA, ELA, ELA...
Quizás sea más hermosa cuando yo muera.
que el silencio quedó incrustado
entre dientes y una gotera.
No anuncies mi verso cerca
de los oídos de los tontos
que vociferan conocer el amor
sin antes rayar sus almas y costillas.
Cuando yo muera no le digas a nadie
que absolutamente nadie amó o escupió mi herida.
Que vivir duele mucho,
que ninguna Eva se interesó por amar mi locura
y que no hubo sombra en el cielo
que beneficiara mis tormentos.
Cuando yo muera no le digas a nadie
el color del amor.
No le digas a nadie que hubo un eco
(sin origen)
que anunciaba: ELA, ELA, ELA...
Quizás sea más hermosa cuando yo muera.