Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Habrá una mañana,
en un mañana en que yo no estaré.
Y me habré perdido
del sol y de la luz,
de la risa y el llanto
de unas gentes que serán extraños.
Nada seré;
ni polvo a la tierra leve,
ni brisa, ni soplo,
ni brizna que juguetee
en las ramas de mi...
de su alerce.
Acaso una palabra,
un trozo de papel, un testamento.
El apunte rápido de aquel sentir,
el poso indómito de un pensamiento.
Y tú, a quien no conozco,
sonreirás o llorarás,
con mis risas y mis lágrimas,
como si me entendieses,
como si un gesto de inteligencia
hubiese cruzado el tiempo
y te hiciese vibrar en resonancia.
¿Dónde? ¿Cuándo?
¿Qué tiempo y lugar
es el que tenemos reservado?
Instante.
Polvo de lo eterno.
en un mañana en que yo no estaré.
Y me habré perdido
del sol y de la luz,
de la risa y el llanto
de unas gentes que serán extraños.
Nada seré;
ni polvo a la tierra leve,
ni brisa, ni soplo,
ni brizna que juguetee
en las ramas de mi...
de su alerce.
Acaso una palabra,
un trozo de papel, un testamento.
El apunte rápido de aquel sentir,
el poso indómito de un pensamiento.
Y tú, a quien no conozco,
sonreirás o llorarás,
con mis risas y mis lágrimas,
como si me entendieses,
como si un gesto de inteligencia
hubiese cruzado el tiempo
y te hiciese vibrar en resonancia.
¿Dónde? ¿Cuándo?
¿Qué tiempo y lugar
es el que tenemos reservado?
Instante.
Polvo de lo eterno.
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