Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo la amaba tanto, que en mi corazón
su nombre comenzó a echar raíces
y por entre mis venas su savia corría
nutriendo mi vida, haciéndonos felices.
Cuánto amaba yo esa hermosa mujer
hasta robaba flores en algunos jardines,
para sacarle una sonrisa de su rostro,
le escribía versos, le regalaba jazmines.
La amaba yo siempre, que mi semilla
germinó en hermosos querubines,
es cierto no lo niego, ¡cuánto la amé!
pero al paso del tiempo fuimos infelices
Nuestro amor floreció, una tarde en invierno
cuando ella estaba sola y yo disponible,
tanto le amaba, que vivía en mis sueños
en mis sueños blancos, negros y grises.
Amé desde siempre su bronceada tez
su sonrisa risueña, sus miradas infantiles,
hoy su amor para mi ya es pasado
solo queda sanar las heridas y cicatrices.