Guadalupe D. Lopez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sonreía con aparente calma,
aunque la tristeza consumiera su alma.
Hablaba como si nada pasara,
aunque sus ojos la delataran.
Vivía lo que empezaba
para que el día pronto acabara.
Amaba lo que miraba
para que el mundo en su entorno girara.
Futuro incierto le deparaba,
aunque a la vida siempre apostaba.
En las nubes siempre buscaba,
su rostro amado con la mirada.
Sus alas la cobijaban,
podía verlo cuando lloraba.
Pensar en él la consolaba,
cuando la noche la atormentaba.
¿Acaso alguien su paso guiaba?
Los recuerdos la acompañaban mientras a solas pensaba,
que maravilloso era todo, cuando de su mano caminaba,
mientras su voz escuchaba cuando al oído le hablaba…
¡Dios mío santo!! cuanto lo amaba.
aunque la tristeza consumiera su alma.
Hablaba como si nada pasara,
aunque sus ojos la delataran.
Vivía lo que empezaba
para que el día pronto acabara.
Amaba lo que miraba
para que el mundo en su entorno girara.
Futuro incierto le deparaba,
aunque a la vida siempre apostaba.
En las nubes siempre buscaba,
su rostro amado con la mirada.
Sus alas la cobijaban,
podía verlo cuando lloraba.
Pensar en él la consolaba,
cuando la noche la atormentaba.
¿Acaso alguien su paso guiaba?
Los recuerdos la acompañaban mientras a solas pensaba,
que maravilloso era todo, cuando de su mano caminaba,
mientras su voz escuchaba cuando al oído le hablaba…
¡Dios mío santo!! cuanto lo amaba.