Évano
Libre, sin dioses.
La vida es bucear en la meada
regurgitada por tu mente. Eres
el efecto de haber bebido el mundo
tan crudo como fue capaz tu alma.
Pero excretas a peces de colores
armados con agujas blanquinegras,
y a incoloras sardinas vagabundas,
y arrecifes humanos como tú.
Es la pecera en la que te has meado,
el acuario donde eres las burbujas,
las piedras que decoran a tu fondo
y el pecio del ayer en que te escondes.
Es la pecera en la que te han metido,
un acuario donde ser escaparate,
relaciones públicas, camarero,
comensal, cocinero y la comida.
Un día te asfixias en tu orín,
intentas golpear en las paredes
de vidrio del tamaño como tú.
Quizás se rompa y te halles al principio.
Quizá soñaste un sol, y ángeles cerca
del cielo superficie donde irás.
Quizás era bombilla artificial.
¿Es la otra muerte contrapuesta a ti?
¿Cuánto oxigeno te has dado últimamente?
Supongo tus agallas tan repletas
de burbujas de hidrógeno que no
te queda más oxígeno por dar
a los casinos arrecifes. Líquida
el alma, dentro de aguas y pupilas,
es piscina encerrada en mar de orines.
Hay quien escapa y vuela o es anfibio,
astronauta perdido en su galaxia.
Muertos somos, estamos en nosotros
—dice la falta de aire y tus orines—:
"Los vivos viven de sus escafandras,
dentro de ti, afuera de sí mismos.
Submarinos atómicos pescándonos
para sus microscopios oceánicos,
planes estúpidos y laberínticos.
Avisa cuando flotes o te eleves,
no seas un Neptuno con aletas,
ni un Dios con sus gafas escupidas
por la boca que ahora muerde un tubo
como goma. No seas ni tú mismo."
Estas palabras ¿locas?
te reflotan;
es el momento de salir al cielo.
Superficies.
Al poco tomas aires y te hunden.
Tornas a ser un pez
en ti mismo,
sin escafandra y submarino atómico
que te valga.
Te reviven aletas en las piernas,
la vista vuelve a gafas escupidas
y las agallas vuelven al hidrógeno
en medio de sardinas vagabundas
y peces de colores con agujas
blanquinegras.
Mientras ríen anfibios y universos,
comprendes que la muerte será un sol
de bombilla.
Esperan que te sirvas la comida,
que te des entrada y que te mimes
y que te bebas a ti mismo para
que seas más orín en tu pecera.
Y otra vez se te vuelve a sumergir
ese tiempo que te has dado últimamente.
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