¿Cuántos años han pasado de mi muerte?

Estoy en la cama, parezco cansado, y un grito se oye entre las 4 paredes de la casa. Me levanto acongojado, sorprendido por la inmensa realidad de su voz, tan fuerte que, aún con la puerta cerrada, penetra mis oídos y mi pecho.
Tomo el arma, guardada en la mesita de luz (2 cajón); tenía algunas balas, pero, sinceramente, nunca se había pasado por mi mente escuchar su ruido, su atroz sonido, franco y directo.
Caminaba sigilosamente, pero la alfombra (que ya tenía algunos años) hacía que en cada paso mío, se oyera exageradamente el desquebrajo de su silueta malgastada. Y encima, mi torpeza, agudizaba todos los pasos que mis pies esgrimían traduciéndolos en nervios conscientes de sí mismos, pero no de su entorno; lo cierto es que el arma estaba cargada y eso me daba un poco de seguridad, por lo menos, como para tener una mínima defensa.
Mi cabeza daba vueltas como una ruleta, los gritos cada vez eran menores, hasta llegar aun silencio, que en verdad, me calaba los huesos.
El miedo atrapaba mis sentidos: mis manos temblaban, mi piel transpiraba más de lo normal y mis piernas no coordinaban como acostumbraban a hacerlo.
Abrí la puerta que dividía mi soledad del terror, ese trance al sufrimiento, a saber que la muerte me esperaba con sus brazos abiertos, a la tortura que me seguía consumiendo y ahondaba el vacío en mi pecho segundo tras segundo.
Me asomaba tenuemente y mis ojos asombrados, no hacían otra cosa que llorar, sin razón, llorar lágrimas fundidas en un deseo, en un -¡No quiero ver lo que estoy viendo!-. No soportaba esa imagen aterrante: un hombre voraz, desaforado, clavando unas tras otras las puñaladas en mi corazón. La imagen era perfecta, el se abalanzaba en sus hombros y apuntaba directo al centro de mi arrojo; la luz se acortaba, todo era gris y mi voz dislocada pendía de un hilo flaco y moribundo.
Lo sabía, me estaba muriendo, bañado en sangre, mi rostro se ahogaba, mi auxilio era más intenso, pero a la vez, más promiscuo, estaba por fallecer.
Veía su cara que sonreía en cada puntazo, en cada abrazo del filo de su daga y mi carne, juraba no morir por su engaño, ambos sabíamos que esto no podría terminar así nomás.
Logré alcanzar un rastro de luz en mis ojos en forma de unos quinqués. Era lo único que podía pretender, ya con mi cuerpo frío, a medio edén. Entonces tras ese atisbo conseguí abalanzarme sobre ellos y sin más remedio, apretar el gatillo, matarlos a ambos. No pensaba morir solo.
Francamente, nunca pudieron saberlo, murieron felices, llenos de amor, uno encima del otro, abrazados, “él todavía sonreía”; y mi sombra se perdía en el rojo de pasión y el fuego hecho cenizas, se perdía en el tiempo, sólo se perdía fugazmente aunque ese cuadro, pintado por mis propias manos quedaría grabado en mis años. ¿Cuántos años han pasado desde mi muerte?, ¿Cuántos, mi Dios?


Muy buenas imágenes y gran relato terrorífico-

Un saludo cordial con estrellas-
 
estoy en la cama, parezco cansado, y un grito se oye entre las 4 paredes de la casa. Me levanto acongojado, sorprendido por la inmensa realidad de su voz, tan fuerte que, aún con la puerta cerrada, penetra mis oídos y mi pecho.
tomo el arma, guardada en la mesita de luz (2 cajón); tenía algunas balas, pero, sinceramente, nunca se había pasado por mi mente escuchar su ruido, su atroz sonido, franco y directo.
caminaba sigilosamente, pero la alfombra (que ya tenía algunos años) hacía que en cada paso mío, se oyera exageradamente el desquebrajo de su silueta malgastada. Y encima, mi torpeza, agudizaba todos los pasos que mis pies esgrimían traduciéndolos en nervios conscientes de sí mismos, pero no de su entorno; lo cierto es que el arma estaba cargada y eso me daba un poco de seguridad, por lo menos, como para tener una mínima defensa.
mi cabeza daba vueltas como una ruleta, los gritos cada vez eran menores, hasta llegar aun silencio, que en verdad, me calaba los huesos.
el miedo atrapaba mis sentidos: Mis manos temblaban, mi piel transpiraba más de lo normal y mis piernas no coordinaban como acostumbraban a hacerlo.
abrí la puerta que dividía mi soledad del terror, ese trance al sufrimiento, a saber que la muerte me esperaba con sus brazos abiertos, a la tortura que me seguía consumiendo y ahondaba el vacío en mi pecho segundo tras segundo.
me asomaba tenuemente y mis ojos asombrados, no hacían otra cosa que llorar, sin razón, llorar lágrimas fundidas en un deseo, en un -¡no quiero ver lo que estoy viendo!-. No soportaba esa imagen aterrante: Un hombre voraz, desaforado, clavando unas tras otras las puñaladas en mi corazón. La imagen era perfecta, el se abalanzaba en sus hombros y apuntaba directo al centro de mi arrojo; la luz se acortaba, todo era gris y mi voz dislocada pendía de un hilo flaco y moribundo.
lo sabía, me estaba muriendo, bañado en sangre, mi rostro se ahogaba, mi auxilio era más intenso, pero a la vez, más promiscuo, estaba por fallecer.
veía su cara que sonreía en cada puntazo, en cada abrazo del filo de su daga y mi carne, juraba no morir por su engaño, ambos sabíamos que esto no podría terminar así nomás.
logré alcanzar un rastro de luz en mis ojos en forma de unos quinqués. Era lo único que podía pretender, ya con mi cuerpo frío, a medio edén. Entonces tras ese atisbo conseguí abalanzarme sobre ellos y sin más remedio, apretar el gatillo, matarlos a ambos. No pensaba morir solo.
francamente, nunca pudieron saberlo, murieron felices, llenos de amor, uno encima del otro, abrazados, “él todavía sonreía”; y mi sombra se perdía en el rojo de pasión y el fuego hecho cenizas, se perdía en el tiempo, sólo se perdía fugazmente aunque ese cuadro, pintado por mis propias manos quedaría grabado en mis años. ¿cuántos años han pasado desde mi muerte?, ¿cuántos, mi dios?



es especÌofica y muy bien trabajada, dices muchas cosas con metÁforas que describen una historia llena de sentir.

Me gustan las prosas muy buen trabajo en esta
 
muy descripitiva y algo osucura, la muerte en sus diferentes formas y un tema lleno de buena imegenes y has creados unas muy buenas
saludos
natu
 
Un relato de intriga que te lleva hasta el final con esa expectativa entre morbosa y curiosa, para al final dejarte con preguntas, como se debe de preciar cualquier narración con estos mimbres.
Provocando al lector, como a mi me gusta, lo importante de un relato es sobre todo que no caiga en la indiferencia ni en la mediocridad, si consigues que te critiquen con argumentos mas o menos benévolos según el gusto de cada cual, date por satisfecho.
Saludos amigo Daniel.
 
La verdad es que me gustó bastante y no sé por qué, y quizá no pueda explicar de mejor forma todo lo que sentí y pensé después de leer esto. A mi parecer entiendo que existe una muerte voluntaria aunque no premeditada (pues pilla de sorpresa), es decir un asesinato, a ti mismo, representado por otro yo en tiempo pasado, y a otra persona que dañaba a ese otro yo pasado. Resumo, y asumo la osadía casi adolescente: pienso que quieres contar el momento en el que acabas siendo consciente de que es necesario cortar con un pasado que realmente fue dañido y que tiene claro tinte sentimental-amoroso. Por otro lado, no me gustó el estilo excesivamente maquillado y pausado. Parece que sacaste tu instinto poeta en un relato en el que la poesía desencaja y conjunta muy mal. Quiero recordar la frase que me gustó, creo que era: No moriremos solos, o algo así. Una frase para una película del oeste de Sergio Leone. Qué bueno era.
 
Fuertes descripciones, sabes llegar.. Felicitaciones....

Estrellitas armoniosas...
marpana.gif
 
¡Qué buena prosa! Elegiste un tema interesante, bien resulta. Te digo que hubiese dado para que la alargues un poco más también. ¡Me gustó! Un gusto leerte. Saludos.
 
Muy interesante destreza narrativa la tuya ,un abrazo y ánimos para continuar con esta faceta tuya..
 
Estoy en la cama, parezco cansado, y un grito se oye entre las 4 paredes de la casa. Me levanto acongojado, sorprendido por la inmensa realidad de su voz, tan fuerte que, aún con la puerta cerrada, penetra mis oídos y mi pecho.
Tomo el arma, guardada en la mesita de luz (2do. cajón); tenía algunas balas, pero, sinceramente, nunca se había pasado por mi mente escuchar su ruido, su atroz sonido, franco y directo.
Caminaba sigilosamente, pero la alfombra (que ya tenía algunos años) hacía que en cada paso mío, se oyera exageradamente el desquebrajo de su silueta malgastada. Y encima, mi torpeza, agudizaba todos los pasos que mis pies esgrimían traduciéndolos en nervios conscientes de sí mismos, pero no de su entorno; lo cierto es que el arma estaba cargada y eso me daba un poco de seguridad, por lo menos, como para tener una mínima defensa.
Mi cabeza daba vueltas como una ruleta, los gritos cada vez eran menores, hasta llegar a un silencio, que en verdad, me calaba los huesos.
El miedo atrapaba mis sentidos: mis manos temblaban, mi piel transpiraba más de lo normal y mis piernas no coordinaban como acostumbraban a hacerlo.
Abrí la puerta que dividía mi soledad del terror, ese trance al sufrimiento, a saber que la muerte me esperaba con sus brazos abiertos, a la tortura que me seguía consumiendo y ahondaba el vacío en mi pecho segundo tras segundo.
Me asomaba tenuemente y mis ojos asombrados, no hacían otra cosa que llorar, sin razón, llorar lágrimas fundidas en un deseo, en un -¡No quiero ver lo que estoy viendo!-. No soportaba esa imagen aterrante: un hombre voraz, desaforado, clavando unas tras otras las puñaladas en mi corazón. La imagen era perfecta, el se abalanzaba en sus hombros y apuntaba directo al centro de mi arrojo; la luz se acortaba, todo era gris y mi voz dislocada pendía de un hilo flaco y moribundo.
Lo sabía, me estaba muriendo, bañado en sangre, mi rostro se ahogaba, mi auxilio era más intenso, pero a la vez, más promiscuo, estaba por fallecer.
Veía su cara que sonreía en cada puntazo, en cada abrazo del filo de su daga y mi carne, juraba no morir por su engaño, ambos sabíamos que esto no podría terminar así nomás.
Logré alcanzar un rastro de luz en mis ojos en forma de unos quinqués. Era lo único que podía pretender, ya con mi cuerpo frío, a medio edén. Entonces tras ese atisbo conseguí abalanzarme sobre ellos y sin más remedio, apretar el gatillo, matarlos a ambos. No pensaba morir solo.
Francamente, nunca pudieron saberlo, murieron felices, llenos de amor, uno encima del otro, abrazados, “él todavía sonreía”; y mi sombra se perdía en el rojo de pasión y el fuego hecho cenizas, se perdía en el tiempo, sólo se perdía fugazmente aunque ese cuadro, pintado por mis propias manos quedaría grabado en mis años. ¿Cuántos años han pasado desde mi muerte?, ¿Cuántos, mi Dios?




Debo decirte que me ha encantado el final, esa manera en que guiaste al lector a caminos equivocados es fantástica, me ha gustado más de la mitad hacia el final, no sé, tratando de hacer una crítica constructiva te diré que al principio tantos titubeos desconciertan al lector, pero en cuanto se va compenetrando con las sensaciones que experimenta el protagonista, esto desaparece. Me gusta mucho el terror y pues ya estaba ansiosa por saber qué era lo que el chico iba a encontrar, me ha gustado. En rojo te dejo algunas cosillas que no les entendí muy bien, a ver que piensas y mil gracias por invitarme y perdón por llegar tarde, te mando un gran saludo y ojalá que sigas escribiendo cosas de terror
 
Felicitaciones por este escrito amigo mío, realmente ha captado mi atención de principio a fin y me ha sorprendido con su alocado pero preciso final, que sabe sorprender y dejar a la espectativa... Me gusta como has desarollado la historia, sólo unos detallitos como pro ejemplo "nomás" sé que deseabas utilizar una expresión bastante coloquial pero, en este caso, la palabra en sí no existe por lo que debías escribirlo separado... Del resto todo estuvo grandioso, en cuando a redacción y la maners en que llevaste tus letras, así que estrelitas para ti.

Un placer.
 
¿Como saberlo? la vida entonces no parece mas que un sueño. Todo se vuelve ambiguo, confuso en los bordes. Sin embargo, sigue siendo tan nitido en el centro, en sus rotros, en la sangre.
¿Cuantos años han pasado? ¿son minutos? ¿son segundos?
El espacio es ilusión, ya el tiempo no existe, tú no existes... entonces...
Gran escrito caballero.
Aún escribiendo esto me siento al filo de la verdad inalcanzable, esa impotencia tan familiar. Pocos saben reflejar semejantes cosas.
Mi felicitaciones.
Slaudos reales.
 
profundas letras, con descripciones bien marcadas para dra un contexto que lleva al lector a hacer el protagonista principal.
 
Haber epic comenzare por decirte que me gusto mucho el final q le diste,sin embargo considero q tu prosa debe tener mas fluidez, sin duda el tema esta muy bien, a veces uno esta muerto en vida......
Segui adelante con tus letras!
 
Lleno de imagenes y partiendo que como lector te hace estar dentro de la lectura; ha sido un placer leerte y muchas gracias por compartir; saludos a la distancia Poeta!!!
 
Vaya prosa de todo lo que te he leido esto te sube aun mas amigo epicteto, un plaecr tenerte como amigo.Un abrazo fuerte
 
Me metí en el tema, lo imagine por un momento y me vi viviendolo, me encanto, que apasionado es y que explicito en pocas palabras, bravooo!!! que genial leerte Epic
 
Sin duda alguna se sintio , vaya esas imagenes que ha plasmado me ha hecho vivirles, Un gusto estar aqui.
Saludos.
 
Estoy en la cama, parezco cansado, y un grito se oye entre las 4 paredes de la casa. Me levanto acongojado, sorprendido por la inmensa realidad de su voz, tan fuerte que, aún con la puerta cerrada, penetra mis oídos y mi pecho.
Tomo el arma, guardada en la mesita de luz (2 cajón); tenía algunas balas, pero, sinceramente, nunca se había pasado por mi mente escuchar su ruido, su atroz sonido, franco y directo.
Caminaba sigilosamente, pero la alfombra (que ya tenía algunos años) hacía que en cada paso mío, se oyera exageradamente el desquebrajo de su silueta malgastada. Y encima, mi torpeza, agudizaba todos los pasos que mis pies esgrimían traduciéndolos en nervios conscientes de sí mismos, pero no de su entorno; lo cierto es que el arma estaba cargada y eso me daba un poco de seguridad, por lo menos, como para tener una mínima defensa.
Mi cabeza daba vueltas como una ruleta, los gritos cada vez eran menores, hasta llegar aun silencio, que en verdad, me calaba los huesos.
El miedo atrapaba mis sentidos: mis manos temblaban, mi piel transpiraba más de lo normal y mis piernas no coordinaban como acostumbraban a hacerlo.
Abrí la puerta que dividía mi soledad del terror, ese trance al sufrimiento, a saber que la muerte me esperaba con sus brazos abiertos, a la tortura que me seguía consumiendo y ahondaba el vacío en mi pecho segundo tras segundo.
Me asomaba tenuemente y mis ojos asombrados, no hacían otra cosa que llorar, sin razón, llorar lágrimas fundidas en un deseo, en un -¡No quiero ver lo que estoy viendo!-. No soportaba esa imagen aterrante: un hombre voraz, desaforado, clavando unas tras otras las puñaladas en mi corazón. La imagen era perfecta, el se abalanzaba en sus hombros y apuntaba directo al centro de mi arrojo; la luz se acortaba, todo era gris y mi voz dislocada pendía de un hilo flaco y moribundo.
Lo sabía, me estaba muriendo, bañado en sangre, mi rostro se ahogaba, mi auxilio era más intenso, pero a la vez, más promiscuo, estaba por fallecer.
Veía su cara que sonreía en cada puntazo, en cada abrazo del filo de su daga y mi carne, juraba no morir por su engaño, ambos sabíamos que esto no podría terminar así nomás.
Logré alcanzar un rastro de luz en mis ojos en forma de unos quinqués. Era lo único que podía pretender, ya con mi cuerpo frío, a medio edén. Entonces tras ese atisbo conseguí abalanzarme sobre ellos y sin más remedio, apretar el gatillo, matarlos a ambos. No pensaba morir solo.
Francamente, nunca pudieron saberlo, murieron felices, llenos de amor, uno encima del otro, abrazados, “él todavía sonreía”; y mi sombra se perdía en el rojo de pasión y el fuego hecho cenizas, se perdía en el tiempo, sólo se perdía fugazmente aunque ese cuadro, pintado por mis propias manos quedaría grabado en mis años. ¿Cuántos años han pasado desde mi muerte?, ¿Cuántos, mi Dios?


Muy bueno tu relato, en una narrativa sobre tu muerte,
es fuerte las imágenes, yo seria incapaz de escribir algo así,
lo has hecho muy bien, me ha gustado leerte
Un placer haber pasado, un beso poeta y gracias
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba