Emanuel de León
Poeta recién llegado
Cuarenta y tres versos desesperados
Ahora mis manos buscan ansiosas
entre las horas muertas que pasan,
la llave, la esperanza que muere
dentro de mí, que se marchita
como la flor en otoño,
esa esperanza de poder ver
la luz que alumbraba mi sendero.
He estado en la soledad
con demasiado empeño,
y he recordado su sonrisa siempre
bajo mi solitario techo.
Recuerdo su perfume que se dejaba sentir
en cada alarido del viento, en cada palpitar,
en cada sollozar de algún árbol gris.
Ahora mi espíritu cabalga entre las olas del pasado,
ahora su frágil cuerpo aprisiona mi frágil corazón.
Bajo la sombra de mi delirio
quise que fuese mía, pero mi delirio
sellaba mi boca y ahora mi boca,
clama por un beso, el beso de su boca,
ese beso que es mi cura, mi delirio.
Antes el mar estaba plagado
de sueños y anhelos,
ahora solo esta plagado de su nombre,
de su nombre que recorre
las calles de mi solitario corazón.
Ahora que le busco, no esta,
ahora que necesito de una mano
que limpie mis heridas, no esta.
Sus manos fueron mi cuna, mi lienzo.
Nunca se fue, pues sigue tatuada en mí ser.
Sus manos de fuego se aferran a mi alma,
y apretujan mi corazón como mil bestias
enfurecidas, maldiciendo mi pecado.
Aún en mis pupilas duerme
la esperanza de algún día verle,
de darle un abrazo delirante
Y decirle lo mucho que le extraño,
de decirle lo que mis ojos le gritaban,
aunque sé que eso nunca pasará,
Y me ahogo en un mar de melancolía.
Tendré que aprender a vivir sin musa,
-sin alas, sin motivo sin ella.-
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Ahora mis manos buscan ansiosas
entre las horas muertas que pasan,
la llave, la esperanza que muere
dentro de mí, que se marchita
como la flor en otoño,
esa esperanza de poder ver
la luz que alumbraba mi sendero.
He estado en la soledad
con demasiado empeño,
y he recordado su sonrisa siempre
bajo mi solitario techo.
Recuerdo su perfume que se dejaba sentir
en cada alarido del viento, en cada palpitar,
en cada sollozar de algún árbol gris.
Ahora mi espíritu cabalga entre las olas del pasado,
ahora su frágil cuerpo aprisiona mi frágil corazón.
Bajo la sombra de mi delirio
quise que fuese mía, pero mi delirio
sellaba mi boca y ahora mi boca,
clama por un beso, el beso de su boca,
ese beso que es mi cura, mi delirio.
Antes el mar estaba plagado
de sueños y anhelos,
ahora solo esta plagado de su nombre,
de su nombre que recorre
las calles de mi solitario corazón.
Ahora que le busco, no esta,
ahora que necesito de una mano
que limpie mis heridas, no esta.
Sus manos fueron mi cuna, mi lienzo.
Nunca se fue, pues sigue tatuada en mí ser.
Sus manos de fuego se aferran a mi alma,
y apretujan mi corazón como mil bestias
enfurecidas, maldiciendo mi pecado.
Aún en mis pupilas duerme
la esperanza de algún día verle,
de darle un abrazo delirante
Y decirle lo mucho que le extraño,
de decirle lo que mis ojos le gritaban,
aunque sé que eso nunca pasará,
Y me ahogo en un mar de melancolía.
Tendré que aprender a vivir sin musa,
-sin alas, sin motivo sin ella.-
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Autor: Emanuel de León.
Todos los derechos reservados.