Nat Guttlein
さん
El domingo amanece nuevamente,
la brisa se pasea sobre mi espalda mientras intento abrir los ojos.
La tele siempre está puesta en el mismo canal,
desde mi cama la escucho y saboreo el olor dulce de otra pesadilla.
No de las que tienen monstruos,
no de las que se deslizan debajo de la puerta para agarrar tus pies,
sino esas que se reflejan en todo lo que uno escribe.
El domingo sigue siendo domingo y yo me veo de la misma forma,
con la misma cana que poseo escondida entre mis rulos,
con la misma cicatriz ubicada casi intacta en mi rodilla derecha,
con el mismo tic nervioso de tocarme el cabello
y la misma pregunta instalada en mis pensamientos.
¿Qué escribiré?
¿Acaso son suficientes mis palabras para reflejar las sensaciones que mi habitación ya escupe, harta de tanto escucharme?
¿Los sonidos del exterior me alcanzaran para siquiera poder descifrar qué sueñan los personajes de mis historias?
¿Por qué la heroína de mi cuento llora?
¿Por qué el protagonista de mi historia nuevamente está en el piso?
Ah,
el reloj me da las diez,
el café se volvió a enfriar.
Me preparo un té ésta vez,
un té verde y nuevamente mi gps invisible me dirige a la cama.
Quizás mañana las tormentas de mi subconsciente se reflejen mejor,
y quizas la tinta de mi bolígrafo decida escribir.
Quizás todos mis demonios al fin logren ponerse de acuerdo y concretar al menos una idea.
Aunque de vez en cuando,
me hallo buscándolos.
la brisa se pasea sobre mi espalda mientras intento abrir los ojos.
La tele siempre está puesta en el mismo canal,
desde mi cama la escucho y saboreo el olor dulce de otra pesadilla.
No de las que tienen monstruos,
no de las que se deslizan debajo de la puerta para agarrar tus pies,
sino esas que se reflejan en todo lo que uno escribe.
El domingo sigue siendo domingo y yo me veo de la misma forma,
con la misma cana que poseo escondida entre mis rulos,
con la misma cicatriz ubicada casi intacta en mi rodilla derecha,
con el mismo tic nervioso de tocarme el cabello
y la misma pregunta instalada en mis pensamientos.
¿Qué escribiré?
¿Acaso son suficientes mis palabras para reflejar las sensaciones que mi habitación ya escupe, harta de tanto escucharme?
¿Los sonidos del exterior me alcanzaran para siquiera poder descifrar qué sueñan los personajes de mis historias?
¿Por qué la heroína de mi cuento llora?
¿Por qué el protagonista de mi historia nuevamente está en el piso?
Ah,
el reloj me da las diez,
el café se volvió a enfriar.
Me preparo un té ésta vez,
un té verde y nuevamente mi gps invisible me dirige a la cama.
Quizás mañana las tormentas de mi subconsciente se reflejen mejor,
y quizas la tinta de mi bolígrafo decida escribir.
Quizás todos mis demonios al fin logren ponerse de acuerdo y concretar al menos una idea.
Aunque de vez en cuando,
me hallo buscándolos.