Monje Mont
Poeta reconocido en el portal
Antes sabía la vida,
ahora rehúyo sus rostros cotidianos.
Me sumo al miedo por las noches
y no abro las cortinas
cuando el sol reniega mis penumbras.
Porque las cosas no son lo que parecen,
y lo que brilla afuera me deslumbra.
Las esencias no se acogen a las formas
y el paisaje es una trama de quimeras.
Se esconde entonces en los tonos,
el fin irrevocable de la esquina.
Aquella, donde otrora hacíamos fila
ciegos, cojos, desvalidos
tras los boletos al cielo de otro día.
Pero los fríos que inician en la piel
maduran sus relatos en el órgano y el hueso.
El hombre entonces se hace hielo
y es un cubo de otro trago
para zarpes nunca es tarde,
si el tic tac no marca los regresos.
Pero a veces en lo oscuro
comienza a ser temprano.
Quizás con los ojos bien cerrados,
te encuentre germinando entre mis dedos.
ahora rehúyo sus rostros cotidianos.
Me sumo al miedo por las noches
y no abro las cortinas
cuando el sol reniega mis penumbras.
Porque las cosas no son lo que parecen,
y lo que brilla afuera me deslumbra.
Las esencias no se acogen a las formas
y el paisaje es una trama de quimeras.
Se esconde entonces en los tonos,
el fin irrevocable de la esquina.
Aquella, donde otrora hacíamos fila
ciegos, cojos, desvalidos
tras los boletos al cielo de otro día.
Pero los fríos que inician en la piel
maduran sus relatos en el órgano y el hueso.
El hombre entonces se hace hielo
y es un cubo de otro trago
para zarpes nunca es tarde,
si el tic tac no marca los regresos.
Pero a veces en lo oscuro
comienza a ser temprano.
Quizás con los ojos bien cerrados,
te encuentre germinando entre mis dedos.