Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo le di la espalda a la
riqueza plástica y volví
a los árboles y a las cosas
sencillas. Cerré la puerta
del dinero y quizás volví
a la miseria... A la hambruna.
Si ella hubiera dicho que si
mañana no sería el mañana
que me espera, mañana no
me levantaría temprano y
no sentiría un dragón en el
estómago queriendo deshacer
lo que miles de hormigas
fantásticas han construido.
Quise regresar a los jardines
con lodo y pulgas de perros
abandonados por infames y
crueles ¿Qué voy a hacer cuándo
llegue a esa tienda sórdida
y fantasmal?.
En la tarde de las tres de la tarde
ya no estaré tendiendo ropa en
un patio seco y almendrado, ni
veré los cables secos donde
se cuelgan los humanos que
apestan a cigarros de monstruos
y bestias disfrazadas de hermandad.
Simplemente veré sus ojos
y todos los ojos de los demás
que salen y entran por el camino
viejo llamado nostalgia y en la noche
de las ocho de la noche, veré como
la odiosa cortina metálica baja
deslizándose por un espacio
absurdo entre la mañana y
el paso de los segundos.
Los moscos azules se dan
sus mañas, ya no soy más
la hija del Zephyr, ya no soy
más una princesa morada, ya
no soy más las canciones de amor
cantadas en un invierno novedoso
como horrible.
(No tan horrible como aquel
que yace moscabado en el
intertiempo).
Y en las sombras de las
sombras, las sonrisas
maniáticas se verían como
alegres, usando un antifaz
en un ambiente insano, mordaz
estúpido.
El infierno es aquella consecuencia
que deja la melancolía cuando uno
se la come fría ¡Tan fría que
nos irrita las venas!.
In fer no.
riqueza plástica y volví
a los árboles y a las cosas
sencillas. Cerré la puerta
del dinero y quizás volví
a la miseria... A la hambruna.
Si ella hubiera dicho que si
mañana no sería el mañana
que me espera, mañana no
me levantaría temprano y
no sentiría un dragón en el
estómago queriendo deshacer
lo que miles de hormigas
fantásticas han construido.
Quise regresar a los jardines
con lodo y pulgas de perros
abandonados por infames y
crueles ¿Qué voy a hacer cuándo
llegue a esa tienda sórdida
y fantasmal?.
En la tarde de las tres de la tarde
ya no estaré tendiendo ropa en
un patio seco y almendrado, ni
veré los cables secos donde
se cuelgan los humanos que
apestan a cigarros de monstruos
y bestias disfrazadas de hermandad.
Simplemente veré sus ojos
y todos los ojos de los demás
que salen y entran por el camino
viejo llamado nostalgia y en la noche
de las ocho de la noche, veré como
la odiosa cortina metálica baja
deslizándose por un espacio
absurdo entre la mañana y
el paso de los segundos.
Los moscos azules se dan
sus mañas, ya no soy más
la hija del Zephyr, ya no soy
más una princesa morada, ya
no soy más las canciones de amor
cantadas en un invierno novedoso
como horrible.
(No tan horrible como aquel
que yace moscabado en el
intertiempo).
Y en las sombras de las
sombras, las sonrisas
maniáticas se verían como
alegres, usando un antifaz
en un ambiente insano, mordaz
estúpido.
El infierno es aquella consecuencia
que deja la melancolía cuando uno
se la come fría ¡Tan fría que
nos irrita las venas!.
In fer no.