café en chernobyl
Poeta recién llegado
¿En qué horrible cuerpo me encuentro?
Híbrido, andrógeno, mecánico, de poliuretano,
sin coxis, ni omóplatos.
Sin el alma del daño / sin las cicatrices
ocultas ni las perpetuas.
Sin poder llorar a cataratas, tal reventar
el ribazo, me siento como el héroe
condenado a la pira.
2 000 años.
¿Esto es lo perfecto? No hay hambre,
no hay raza, ni malaria en las cajas de ayuda
humanitaria.
Finamente, veo tascas de claveles
sobre el tejado.
¿Quién vive ahí? ¿A quién le perteneció?
Nadie responde. ¡Una voz!,
sensual como la liga al borde del cristal,
me indica que ahí se inició la revolución
de la gauche champagne al
volar a pedazos, con un cochebomba,
a la hija del máximo líder de los verdes.
¡Qué me importa, yo no sé de esa historia!
Mis pies son otros,
mis ojos no son éstos, las pupilas son
escudos ante la baba de la fácula,
los pulgares son tizones de Satanás.
Mi buen mentor, que ya no existe, pues
la química brumosa lo colocó en
un frasco.
Como mi cerebro, conejillo de indias
de experimentos,
como la cabeza de turco que fue
el moribundo Lenin, en su ataúd de helio.
Las calles son diferentes,
todo es más tranquilo, sin alma, sin
albedrío, ni mercado.
Buscaré la orgía-festín en el hueso de
mi pene.
Híbrido, andrógeno, mecánico, de poliuretano,
sin coxis, ni omóplatos.
Sin el alma del daño / sin las cicatrices
ocultas ni las perpetuas.
Sin poder llorar a cataratas, tal reventar
el ribazo, me siento como el héroe
condenado a la pira.
2 000 años.
¿Esto es lo perfecto? No hay hambre,
no hay raza, ni malaria en las cajas de ayuda
humanitaria.
Finamente, veo tascas de claveles
sobre el tejado.
¿Quién vive ahí? ¿A quién le perteneció?
Nadie responde. ¡Una voz!,
sensual como la liga al borde del cristal,
me indica que ahí se inició la revolución
de la gauche champagne al
volar a pedazos, con un cochebomba,
a la hija del máximo líder de los verdes.
¡Qué me importa, yo no sé de esa historia!
Mis pies son otros,
mis ojos no son éstos, las pupilas son
escudos ante la baba de la fácula,
los pulgares son tizones de Satanás.
Mi buen mentor, que ya no existe, pues
la química brumosa lo colocó en
un frasco.
Como mi cerebro, conejillo de indias
de experimentos,
como la cabeza de turco que fue
el moribundo Lenin, en su ataúd de helio.
Las calles son diferentes,
todo es más tranquilo, sin alma, sin
albedrío, ni mercado.
Buscaré la orgía-festín en el hueso de
mi pene.
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