tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo gira en sí mismo, casi sin movimiento físico.
Esta horrible sensación de vacío extendido.
Los silencios se acercan, me intimidan.
Todo sucederá tan rápido.
Otra vez… Las imágenes sobrevuelan mi costado oscuro.
Lejos, prisionero de mi mente. Sombrío recorro el diluido cemento, sin más que observarlo.
El tinte insano de las figuras zopencas, que cercenan imprácticas y perecen esparcidas.
Pasadizos y precuelas. Y sonetos oníricos y cósmicos rojos purulentos.
Nada es demasiado en el silencio.
Nada es suficiente.
Cuando de fiebre alucine y transfunda espacios funestos, en las corrientes de displaceres eternos. Acumularé imprecisiones, daré vuelcos inhóspitos, presos quizá de una motilidad absurda y deconstructiva.
Colapso irreal de unos pocos milisegundos, tan extremos, tan irreales, tan sensibles, como mis extremidades espectrales.
Esta horrible sensación de vacío extendido.
Los silencios se acercan, me intimidan.
Todo sucederá tan rápido.
Otra vez… Las imágenes sobrevuelan mi costado oscuro.
Lejos, prisionero de mi mente. Sombrío recorro el diluido cemento, sin más que observarlo.
El tinte insano de las figuras zopencas, que cercenan imprácticas y perecen esparcidas.
Pasadizos y precuelas. Y sonetos oníricos y cósmicos rojos purulentos.
Nada es demasiado en el silencio.
Nada es suficiente.
Cuando de fiebre alucine y transfunda espacios funestos, en las corrientes de displaceres eternos. Acumularé imprecisiones, daré vuelcos inhóspitos, presos quizá de una motilidad absurda y deconstructiva.
Colapso irreal de unos pocos milisegundos, tan extremos, tan irreales, tan sensibles, como mis extremidades espectrales.