QuiméricasVisiones
Poeta recién llegado
Cerca del manantial hay una caverna
que esconde un extraordinario secreto,
completarla hasta el final es un reto,
en la aldea la apodan "Cueva Eterna".
Un día penetré en sus abisales entrañas.
Quedé aturdido, confuso... más perplejo
que un animal contemplando su reflejo,
pues tuve visiones dispares y extrañas.
En la última roca se abría una fisura,
y tras ella se divisaba un vasto claro,
y si bien lo que digo se os antoje raro,
en lo monstruoso encontré hermosura.
En una hosca ciudad se alzaba un coliseo,
el último cíclope vivo luchaba en el foso,
uno contra cinco en un combate virtuoso,
la grada expectante, ni un solo abucheo.
Trols en un recóndito y clandestino establo
comerciaban con trasgos y criaturas de bien,
los engendros trafican con miseria también,
corrompidos para servir a un señor Diablo.
En el bosque había una dríade oprimida,
las brujas cocían su savia en un caldero,
y aunque su piel era corteza de acero,
al cortarla chillaba, pues albergaba vida.
Centauros disponían una cacería feroz,
ataviados con arcos, espadas y dagas,
persiguiendo a la reina de la nagas
en un acorralamiento claramente atroz.
Y como en un sórdido sendero fraternal
los minotauros ofrecían su cruel ayuda,
y debía pensar la emperatriz sin duda
que la aniquilación era evidente y real.
Y así vagué sin necesidad de un mapa
por ese micro cosmos sin comparación,
y puedo asegurar sin ninguna vacilación
que la atracción por lo grotesco atrapa.
que esconde un extraordinario secreto,
completarla hasta el final es un reto,
en la aldea la apodan "Cueva Eterna".
Un día penetré en sus abisales entrañas.
Quedé aturdido, confuso... más perplejo
que un animal contemplando su reflejo,
pues tuve visiones dispares y extrañas.
En la última roca se abría una fisura,
y tras ella se divisaba un vasto claro,
y si bien lo que digo se os antoje raro,
en lo monstruoso encontré hermosura.
En una hosca ciudad se alzaba un coliseo,
el último cíclope vivo luchaba en el foso,
uno contra cinco en un combate virtuoso,
la grada expectante, ni un solo abucheo.
Trols en un recóndito y clandestino establo
comerciaban con trasgos y criaturas de bien,
los engendros trafican con miseria también,
corrompidos para servir a un señor Diablo.
En el bosque había una dríade oprimida,
las brujas cocían su savia en un caldero,
y aunque su piel era corteza de acero,
al cortarla chillaba, pues albergaba vida.
Centauros disponían una cacería feroz,
ataviados con arcos, espadas y dagas,
persiguiendo a la reina de la nagas
en un acorralamiento claramente atroz.
Y como en un sórdido sendero fraternal
los minotauros ofrecían su cruel ayuda,
y debía pensar la emperatriz sin duda
que la aniquilación era evidente y real.
Y así vagué sin necesidad de un mapa
por ese micro cosmos sin comparación,
y puedo asegurar sin ninguna vacilación
que la atracción por lo grotesco atrapa.