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Llegando a la mitad de mi camino,
sin más sabiduría ni fortuna
que cuando vine al mundo, vaticino
cercano aquel momento en que se aúna
el ímpetu y sosiego repentino
del alma que se acerca a la tribuna.
Subiendo los peldaños al dictado
de todos los sumarios, ¡queda presa!
pues nunca de tu juicio sale ilesa
si pones bajo el flexo tu pasado.
La toga del fiscal y el abogado
comparten su color dejando impresa
la férrea sentencia sin promesa
de indulto o remisión al imputado.
Y así, sin más delitos a mi lado,
admito ser culpable, ¡qué sorpresa!
y lastro la condena que atraviesa
la cruz de la balanza mi costado.
Atrás no dejo nada mal atado
mas siempre, reflexiva se confiesa
la errática conciencia que regresa
al punto de partida ya trillado.
Y vuelve a preguntar a su destino
por qué de tantos sueños no es la cuna,
y espera del reloj parar el trino
que mata raudo el tiempo sin vacuna,
y siente de los años el espino
que ensartan su homilía inoportuna...
Culpable eres Eva del pecado
y el tiempo en ti arraiga una condena,
atan tus tiernas manos las cadenas,
pero tu pluma en libre y todo en ella es plasmado.
Encantador, esplendido, maravilloso, inmensurable, magnifico, una obra de arte, como siempre embelesado ante tus versos Eva, aplaudo y estrello.
Saludos cordiales, besos y abrazos.
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