Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
CULTIVOS
Sembradíos.
La conciencia implora
por un ruego de verdes humedales.
Ya creció la desmemoria,
ya su fruto malcriado sin racimos.
Cómo corta sus espinos la sangre delgada de la tierra.
Nada tiene lugar sino el silicio que se escurre
tras la barda que empeora y recluye a la conciencia.
Es el momento impune
en que falsamente advienen las palabras
y un juego de jacintos con rosarios
hace su rogativa emabaucadora hasta el ocaso.
Cosechar la especie del sueño que florece
allí donde malquista el cuerpo
su malgastado escozor de herrumbres.
Aquí ya brota amargo -como siempre-
su raíz cristalina
el bostezo.
Sembradíos.
La conciencia implora
por un ruego de verdes humedales.
Ya creció la desmemoria,
ya su fruto malcriado sin racimos.
Cómo corta sus espinos la sangre delgada de la tierra.
Nada tiene lugar sino el silicio que se escurre
tras la barda que empeora y recluye a la conciencia.
Es el momento impune
en que falsamente advienen las palabras
y un juego de jacintos con rosarios
hace su rogativa emabaucadora hasta el ocaso.
Cosechar la especie del sueño que florece
allí donde malquista el cuerpo
su malgastado escozor de herrumbres.
Aquí ya brota amargo -como siempre-
su raíz cristalina
el bostezo.
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