yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una vez más a repetir los inventarios,
descartar las ofertas insensatas
y cubrir de cordura los impulsos;
una vez más a lamentar lo no vivido.,
Compensar los ladridos calumniantes
con la buena intención de los abrazos
y dejar de una vez a mis detractores
el asqueroso paréntesis de mi hastió.
Una vez más a cubrir de polvo las distancias,
desahuciar recuerdos vanos
y comenzar a morir
despacio...
es este lapso lapidario
donde me siento a esperar los que me quedan
y procuro olvidar los que faltaron.
Así la vida se repite y se repiten los ciclos y los años
y yo, único actor de mi comedia
comienzo a gruñir los estragos y los daños.
Una vez más a diluir el afán de los rencores,
solazarme en el calor de los amigos,
beber la indiferencia con que me miran los extraños
e incrementar mi sed, mis ganas y mis mañas
en el arduo transcurrir del calendario...
y aún así me siento agradecido
en este breve recuento de los daños.
De modo que al acercarme a mis principios,
cuando vuelva a ser parte de la tierra,
me quedan amaneceres anclados en los dedos
y lagrimas que mancharon mis caminos,
me quedan las miradas cariñosas
y el odio que algunos me obsequiaron
para constatar con el frío de sus puñales
mi mal aprendido oficio de estar vivo.
Vuelvo a repetir mis inventarios,
vuelvo a etiquetar mis compromisos
y festejo con las reservas necesarias
el prodigioso suceso de estar vivo.
descartar las ofertas insensatas
y cubrir de cordura los impulsos;
una vez más a lamentar lo no vivido.,
Compensar los ladridos calumniantes
con la buena intención de los abrazos
y dejar de una vez a mis detractores
el asqueroso paréntesis de mi hastió.
Una vez más a cubrir de polvo las distancias,
desahuciar recuerdos vanos
y comenzar a morir
despacio...
es este lapso lapidario
donde me siento a esperar los que me quedan
y procuro olvidar los que faltaron.
Así la vida se repite y se repiten los ciclos y los años
y yo, único actor de mi comedia
comienzo a gruñir los estragos y los daños.
Una vez más a diluir el afán de los rencores,
solazarme en el calor de los amigos,
beber la indiferencia con que me miran los extraños
e incrementar mi sed, mis ganas y mis mañas
en el arduo transcurrir del calendario...
y aún así me siento agradecido
en este breve recuento de los daños.
De modo que al acercarme a mis principios,
cuando vuelva a ser parte de la tierra,
me quedan amaneceres anclados en los dedos
y lagrimas que mancharon mis caminos,
me quedan las miradas cariñosas
y el odio que algunos me obsequiaron
para constatar con el frío de sus puñales
mi mal aprendido oficio de estar vivo.
Vuelvo a repetir mis inventarios,
vuelvo a etiquetar mis compromisos
y festejo con las reservas necesarias
el prodigioso suceso de estar vivo.
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