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Cumpleaños

penabad57

Poeta veterano en el portal
He ocultado las velas en mis ojos de niño, su luz muere

en las orillas del tiempo con el hambre de los relojes

palpitando en mi corazón como un pájaro voraz, capítulos

de los días por venir en la carcoma que traza sobre mi piel

una cicatriz de falsos ríos, penumbras y resplandecientes músicas

de alfabetos inacabados, palabras que envejecen como luces

de candil y lágrima en las cuevas del dolor, testimonios que llovieron

cuando el soplo de una boca dejó en el aire la ilusión compartida

por el festín jamás vivido de la gloria y el sueño de los príncipes;

y son mariposas entre flores de nieve los recuerdos de la juventud,

las pirámides de una infancia poblada de luz, los regalos de la amistad

que, por si sola, es tronco en el naufragio en que se apoya la dura

canción de la vida, aves de alas transparentes los días que viajan

por el azul de los años con el silbido de los relojes en su tez, como

un maná de cenizas que se esparce por los jardines de un sol perecedero.
 
Última edición:
He ocultado las velas en mis ojos de niño, su luz muere

en las orillas del tiempo con el hambre de los relojes

palpitando en mi corazón como un pájaro voraz, capítulos

de los días por venir en la carcoma que traza sobre mi piel

una cicatriz de falsos ríos, penumbras y resplandecientes músicas

de alfabetos inacabados, palabras que envejecen como luces

de candil y lágrima en las cuevas del dolor, testimonios que llovieron

cuando el soplo de una boca dejó en el aire la ilusión compartida

por el festín jamás vivido de la gloria y el sueño de los príncipes;

y son mariposas entre flores de nieve los recuerdos de la juventud,

las pirámides de una infancia poblada de luz, los regalos de la amistad

que, por si sola, es tronco en el naufragio en que se apoya la dura

canción de la vida, aves de alas transparentes que viajan por el azul

de los años con el silbido de los relojes en su tez, como un maná

de cenizas que se esparce por los jardines de un sol perecedero.
Me gustó ese final:

cenizas que se esparce por los jardines de un sol perecedero.

Saludos
 
Al hacerse mayor ya no apetece celebrar el cumpleaños y bien nos lo compartes en la excelente descripción que desarrollas con bellas imágenes en tu composición.

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He ocultado las velas en mis ojos de niño, su luz muere

en las orillas del tiempo con el hambre de los relojes

palpitando en mi corazón como un pájaro voraz, capítulos

de los días por venir en la carcoma que traza sobre mi piel

una cicatriz de falsos ríos, penumbras y resplandecientes músicas

de alfabetos inacabados, palabras que envejecen como luces

de candil y lágrima en las cuevas del dolor, testimonios que llovieron

cuando el soplo de una boca dejó en el aire la ilusión compartida

por el festín jamás vivido de la gloria y el sueño de los príncipes;

y son mariposas entre flores de nieve los recuerdos de la juventud,

las pirámides de una infancia poblada de luz, los regalos de la amistad

que, por si sola, es tronco en el naufragio en que se apoya la dura

canción de la vida, aves de alas transparentes los días que viajan

por el azul de los años con el silbido de los relojes en su tez, como

un maná de cenizas que se esparce por los jardines de un sol perecedero.
Muy buen poema, lleno de bellas imágenes. Un abrazo con la pluma del alma
 
He ocultado las velas en mis ojos de niño, su luz muere

en las orillas del tiempo con el hambre de los relojes

palpitando en mi corazón como un pájaro voraz, capítulos

de los días por venir en la carcoma que traza sobre mi piel

una cicatriz de falsos ríos, penumbras y resplandecientes músicas

de alfabetos inacabados, palabras que envejecen como luces

de candil y lágrima en las cuevas del dolor, testimonios que llovieron

cuando el soplo de una boca dejó en el aire la ilusión compartida

por el festín jamás vivido de la gloria y el sueño de los príncipes;

y son mariposas entre flores de nieve los recuerdos de la juventud,

las pirámides de una infancia poblada de luz, los regalos de la amistad

que, por si sola, es tronco en el naufragio en que se apoya la dura

canción de la vida, aves de alas transparentes los días que viajan

por el azul de los años con el silbido de los relojes en su tez, como

un maná de cenizas que se esparce por los jardines de un sol perecedero.

Un gusto seguir leyéndote amigo poeta.
Un fuerte abrazo.
 
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