Évano
Libre, sin dioses.
Será universo el mundo para el cuerpo,
pero es prisión del alma y lleva el nombre
de Eterno Cosmos, fin de todo Cielo.
¿Será universo el alma para el cuerpo?
Llamé a mi celda, Tierra, y es lugar
de paso para el hombre bueno y recto,
infierno que hay que andar con paso firme;
y es cielo ya en el ser que teme el fin,
que tiembla por temor a ser mortal.
Cumple condena dentro de una celda
en donde no hay ningún color que ver,
tan solo negro y blanco, sin mezclar.
Del alma son las letras de estos versos.
Lejana celda que hay adentro, en mí,
o falsa luz que manda mi alma desde
un sitio frío, triste y sin color.
Ahora sé que son engaños míos.
Jamás creí, y ahora sé que Dios
está delante nuestro, tan cercano
que ciega al ojo por lo simple que es
no ver al alma desde un falso ver .
La mente es simple, torpe y ciega. Somos
un ser, un reo, un alma al son de un Dios
que juega a luz y sombra; a Infierno y Cielo,
que crea, rompe, libra o cierra al alma
en cárcel vacua, donde nunca sale
si no es después de alzar lo cierto: el Juicio
final del hombre, o pena en blanco o negro.
No existe, no hay color, ni un triste gris.
Me pinta y miente el alma mía desde
la celda oscura donde somos muerte.
Dibuja al mundo rojo, azul y verde
y sabe que es mentir a nuestra vista,
al yo, al ojo, a nuestro cuerpo y vida.
Los juicios son de sombra o luz, no hay más
color a ver. Los otros tonos son
señal que manda el alma, y es la fe
mintiendo al cuerpo para que este viva
lo más feliz posible en Mundo y Tierra;
consigo mismo, y dentro de este averno.
pero es prisión del alma y lleva el nombre
de Eterno Cosmos, fin de todo Cielo.
¿Será universo el alma para el cuerpo?
Llamé a mi celda, Tierra, y es lugar
de paso para el hombre bueno y recto,
infierno que hay que andar con paso firme;
y es cielo ya en el ser que teme el fin,
que tiembla por temor a ser mortal.
Cumple condena dentro de una celda
en donde no hay ningún color que ver,
tan solo negro y blanco, sin mezclar.
Del alma son las letras de estos versos.
Lejana celda que hay adentro, en mí,
o falsa luz que manda mi alma desde
un sitio frío, triste y sin color.
Ahora sé que son engaños míos.
Jamás creí, y ahora sé que Dios
está delante nuestro, tan cercano
que ciega al ojo por lo simple que es
no ver al alma desde un falso ver .
La mente es simple, torpe y ciega. Somos
un ser, un reo, un alma al son de un Dios
que juega a luz y sombra; a Infierno y Cielo,
que crea, rompe, libra o cierra al alma
en cárcel vacua, donde nunca sale
si no es después de alzar lo cierto: el Juicio
final del hombre, o pena en blanco o negro.
No existe, no hay color, ni un triste gris.
Me pinta y miente el alma mía desde
la celda oscura donde somos muerte.
Dibuja al mundo rojo, azul y verde
y sabe que es mentir a nuestra vista,
al yo, al ojo, a nuestro cuerpo y vida.
Los juicios son de sombra o luz, no hay más
color a ver. Los otros tonos son
señal que manda el alma, y es la fe
mintiendo al cuerpo para que este viva
lo más feliz posible en Mundo y Tierra;
consigo mismo, y dentro de este averno.
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