Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
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Sé que voy día a día asistiendo a mi funeral. Nada serio, no te apures. Hasta ahora todo va siendo de muerte natural, excepto cuando tu recuerdo me asalta a media madrugada y hace que mis ojos, mi alma y todo mi cuerpo, se humedezca y después en un tris todo yo desaparezca entre fuegos de artificio.
No lo sé, a lo mejor es por esto que te escribo. Creo que mientras espero tu regreso -o mi partida-, me estoy volviendo más cursi de lo debido. El otro día me sorprendí sentado en la escalera suspirando las nubes de humo del cigarro, me sorprendí con los codos sobre las rodillas mientras las manos en la cara acariciaban las mejillas como si por fin perdonaran de una vez a los surcos por donde ha corrido el agua con la sal de las lluvias que dejaste como pena.
Creo que me he vuelto como el fotógrafo ambulante que ve con facilidad el ángulo que el ojo enfermo de cotidianidad no mira y que por ello en todo encuentra algo nuevo, algo bello; una cabellera casi oculta entre la multitud que solo puede ser copia de la tuya, otra espalda, otros ojos, otro cuerpo tan exacto como el tuyo pero sin tu alma; retratos, fotografías, sólo insinuaciones de que un día aquí estuviste.
Voy pues, como casi todos en el mundo asintiendo a mi funeral, pero lo mío tal vez sea más fuerte, más serio, seguramente más cursi, pues cada vez que te presiento y no vienes, muero sólo para renacer y, morir de nuevo.
Due 14.09.02 en una tarde en la que el sol cae a plomo y en su caída hace tanto ruido que sólo deja que se escuche el silencio de tu ausencia.
Nota 1.
-Y tú, ¿qué opinas de las hipotecas?
-Pues bueno, me parece genial que los hipopótamos tengan un lugar donde salir a bailar
Nota 2. Lo malo de estar en la alberca y decir;Voy al baño, es que todos saben que vas a defecar.
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Sé que voy día a día asistiendo a mi funeral. Nada serio, no te apures. Hasta ahora todo va siendo de muerte natural, excepto cuando tu recuerdo me asalta a media madrugada y hace que mis ojos, mi alma y todo mi cuerpo, se humedezca y después en un tris todo yo desaparezca entre fuegos de artificio.
No lo sé, a lo mejor es por esto que te escribo. Creo que mientras espero tu regreso -o mi partida-, me estoy volviendo más cursi de lo debido. El otro día me sorprendí sentado en la escalera suspirando las nubes de humo del cigarro, me sorprendí con los codos sobre las rodillas mientras las manos en la cara acariciaban las mejillas como si por fin perdonaran de una vez a los surcos por donde ha corrido el agua con la sal de las lluvias que dejaste como pena.
Creo que me he vuelto como el fotógrafo ambulante que ve con facilidad el ángulo que el ojo enfermo de cotidianidad no mira y que por ello en todo encuentra algo nuevo, algo bello; una cabellera casi oculta entre la multitud que solo puede ser copia de la tuya, otra espalda, otros ojos, otro cuerpo tan exacto como el tuyo pero sin tu alma; retratos, fotografías, sólo insinuaciones de que un día aquí estuviste.
Voy pues, como casi todos en el mundo asintiendo a mi funeral, pero lo mío tal vez sea más fuerte, más serio, seguramente más cursi, pues cada vez que te presiento y no vienes, muero sólo para renacer y, morir de nuevo.
Due 14.09.02 en una tarde en la que el sol cae a plomo y en su caída hace tanto ruido que sólo deja que se escuche el silencio de tu ausencia.
Nota 1.
-Y tú, ¿qué opinas de las hipotecas?
-Pues bueno, me parece genial que los hipopótamos tengan un lugar donde salir a bailar
Nota 2. Lo malo de estar en la alberca y decir;Voy al baño, es que todos saben que vas a defecar.
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