Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Curvaturas de la nuez
Ningún otro calentaba las esferas,
inferiores en casi todos los aspectos,
de una cosa enorme estimada natural,
que animales dañados por los restos
de muchísimas formas y maneras,
afirmaban vigoroso y pre viral,
el tamaño de un mundo fabuloso
más allá del común de los conceptos
y del órgano manifiesto y popular.
Carecía de imponente criatura
el primero de estos monstruos eternos.
Con afán de demostrar la envergadura
fue polvillo al que después salieron cuernos.
Para anclarse pertinente en el ascenso
inquietante se mantuvo el ordenado
explorando en la pródiga llanura.
Intrépido y audaz fue su descenso
elegido por la mancha, y trasnochado,
recurrió con los fósiles de altura
a una especie geológica al pasado.
Comenzó el prospector disimulando
la extinción del parabelum victorioso,
y de un tiro en la sien, despreocupado,
apareció con su cuaderno vanidoso.
Se distrajo algún tiempo dinosaurio
pero al ver que los huesos se desprecian,
resolvió estar oculto en el armario
y dejar incrustada la decencia.
Trepadora era el ánima inclinada
capaz de persistir a los reptiles.
La escala en que se sube a la belleza,
encontrada en la época dañada,
fue puesta por merced de la rareza
y a la fe que pudo ver a sus perfiles.
El ferviente que rellena los objetos,
encontró en las curvaturas de la nuez,
el promiscuo volver a los sujetos
para ser del universo solo el juez.
Ningún otro calentaba las esferas,
inferiores en casi todos los aspectos,
de una cosa enorme estimada natural,
que animales dañados por los restos
de muchísimas formas y maneras,
afirmaban vigoroso y pre viral,
el tamaño de un mundo fabuloso
más allá del común de los conceptos
y del órgano manifiesto y popular.
Carecía de imponente criatura
el primero de estos monstruos eternos.
Con afán de demostrar la envergadura
fue polvillo al que después salieron cuernos.
Para anclarse pertinente en el ascenso
inquietante se mantuvo el ordenado
explorando en la pródiga llanura.
Intrépido y audaz fue su descenso
elegido por la mancha, y trasnochado,
recurrió con los fósiles de altura
a una especie geológica al pasado.
Comenzó el prospector disimulando
la extinción del parabelum victorioso,
y de un tiro en la sien, despreocupado,
apareció con su cuaderno vanidoso.
Se distrajo algún tiempo dinosaurio
pero al ver que los huesos se desprecian,
resolvió estar oculto en el armario
y dejar incrustada la decencia.
Trepadora era el ánima inclinada
capaz de persistir a los reptiles.
La escala en que se sube a la belleza,
encontrada en la época dañada,
fue puesta por merced de la rareza
y a la fe que pudo ver a sus perfiles.
El ferviente que rellena los objetos,
encontró en las curvaturas de la nuez,
el promiscuo volver a los sujetos
para ser del universo solo el juez.