Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Y cuando la humanidad,
Prosélita de mis causas inmortales,
A la luz vean con pulcros ojos,
El frío y marchito corazón de Dios
Desde los cielos caerá sin templanza.
He nacido para matar. Mas mi arma
No es la guerra sino el Amor,
Nebulosa infinita, velos del universo
Vasto, magno, perpetuo cariño
Negro y cálido podré brindar
Desde el fructífero seno
De la penumbra lunar.
Esa es mi volición; sabrán pues
Que no hay salvación, pues,
La maculada perfección
Es una falsa trampa de Dios,
Él, no es ni ternura ni es amor,
Él, es vil ilusión de la indiferencia
De la traición misma de su propio
Creador: el hombre, el lobo del hombre.
Los frutos del Árbol de la Ciencia
Beatos por la luz del amanecer,
Claman en silencio los labios
Del súper hombre y la súper mujer.
Los árboles lloran todas sus hojas
Al anochecer, ¿quién recogerá
Sus lágrimas?, ¿serás tú, añil
Mujer de los pechos de oro, ó tú,
Hombre de la mirada de plata?
El otoño viste de bronce, y mil
Fantasmas que nacido no han aún,
Caminan errantes por el sendero
Azul, a lento paso calmo, soñando
El arco iris nocturno y apacible
En el nuevo templo del Edén:
El nuevo mundo iluminado por
Los coros del bel canto luciérnago
En los bosques de verde cromo
Y los ríos de azures cielos
Y de nubes blancas; ánimas eremitas,
Desde lo eterno, en el gran Mañana
Tomarán al mundo, con sacra paz
Y divino temple, ascenderán ilunados
Desde el inframundo, desde el siempre
Y hasta el siempre, qué así sea y así
Será.
¿Quién soy?, qué importa mi rostro
Y mi nombre y mi apariencia, si sólo
Un espejo perdido entre cuatro ríos
Puede oír mi llanto y mi lamentar,
¡Beatnik Aquilón! ¡Avancen! ¡Avancen!
¡Prosigan sin temor! Que los latidos
De su corazón hacen a los mundos
Temblar, y sin piedad, nos atacan
Por doquier. No obstante hoy
Somos más. Cada uno: Legión.
Nuestro conocimiento: Lucifer.
Nuestra pasión y amor: Lilitu.
Y... tú, ¿quién eres?
Entre el equilibrio entre dos planos,
Entre la armonía que pude apenas
Vislumbrar, ¡encarnamos todos la
Venganza!, y en un futuro y eterno
Amar, la imperfección del ideal nuestra
Será.
Soy un demonio. Soy la sombra.
Un alma sin cuerpo.
¡Te exijo que me comprendas!
Prosélita de mis causas inmortales,
A la luz vean con pulcros ojos,
El frío y marchito corazón de Dios
Desde los cielos caerá sin templanza.
He nacido para matar. Mas mi arma
No es la guerra sino el Amor,
Nebulosa infinita, velos del universo
Vasto, magno, perpetuo cariño
Negro y cálido podré brindar
Desde el fructífero seno
De la penumbra lunar.
Esa es mi volición; sabrán pues
Que no hay salvación, pues,
La maculada perfección
Es una falsa trampa de Dios,
Él, no es ni ternura ni es amor,
Él, es vil ilusión de la indiferencia
De la traición misma de su propio
Creador: el hombre, el lobo del hombre.
Los frutos del Árbol de la Ciencia
Beatos por la luz del amanecer,
Claman en silencio los labios
Del súper hombre y la súper mujer.
Los árboles lloran todas sus hojas
Al anochecer, ¿quién recogerá
Sus lágrimas?, ¿serás tú, añil
Mujer de los pechos de oro, ó tú,
Hombre de la mirada de plata?
El otoño viste de bronce, y mil
Fantasmas que nacido no han aún,
Caminan errantes por el sendero
Azul, a lento paso calmo, soñando
El arco iris nocturno y apacible
En el nuevo templo del Edén:
El nuevo mundo iluminado por
Los coros del bel canto luciérnago
En los bosques de verde cromo
Y los ríos de azures cielos
Y de nubes blancas; ánimas eremitas,
Desde lo eterno, en el gran Mañana
Tomarán al mundo, con sacra paz
Y divino temple, ascenderán ilunados
Desde el inframundo, desde el siempre
Y hasta el siempre, qué así sea y así
Será.
¿Quién soy?, qué importa mi rostro
Y mi nombre y mi apariencia, si sólo
Un espejo perdido entre cuatro ríos
Puede oír mi llanto y mi lamentar,
¡Beatnik Aquilón! ¡Avancen! ¡Avancen!
¡Prosigan sin temor! Que los latidos
De su corazón hacen a los mundos
Temblar, y sin piedad, nos atacan
Por doquier. No obstante hoy
Somos más. Cada uno: Legión.
Nuestro conocimiento: Lucifer.
Nuestra pasión y amor: Lilitu.
Y... tú, ¿quién eres?
Entre el equilibrio entre dos planos,
Entre la armonía que pude apenas
Vislumbrar, ¡encarnamos todos la
Venganza!, y en un futuro y eterno
Amar, la imperfección del ideal nuestra
Será.
Soy un demonio. Soy la sombra.
Un alma sin cuerpo.
¡Te exijo que me comprendas!