Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dame el rojo de tu boca
para engarzar mi sonrisa.
De tu voz, la suave brisa
acariciando la roca
que dejó de ser granito
convertida en dúctil greda.
Esculpida mi alma queda
en el pecho donde habito.
Dame el verde de tus ojos
y embalsaré la esperanza
al iris de esta romanza
confesando sin sonrojos,
que hechizada por tus besos,
soy el eco de tu canto
o espejo que baña el llanto
al compás de tus recesos.
Dame el negro de tus miedos
y tejeré su penumbra,
pues mi cálamo acostumbra
a lidiar en estos ruedos.
Dame y te daré mi vida
jaspeada de color,
aunque dicen que el amor
la deja en rosa vestida.