Eósforo
Poeta asiduo al portal
Damnatio memoriae
Déjame en el sarcófago, mi intrusa,
envuelto en la resina, y en la tela;
bajo este frío mío, que me hiela,
no me digas que amar es una excusa.
No vuelvas a evocar ninguna musa,
y apaga con tu mano aquella vela
que se extingue en mi voz, no se conduela;
dejemos esta historia al fin conclusa.
No me preguntes nada ni me hables,
te prohibo llamarme con el rito
del pasado, memoria de mi vida.
Aquí no hubo inocentes ni culpables,
deja que arda el papiro de este mito,
y que sane por siempre nuestra herida.
Déjame en el sarcófago, mi intrusa,
envuelto en la resina, y en la tela;
bajo este frío mío, que me hiela,
no me digas que amar es una excusa.
No vuelvas a evocar ninguna musa,
y apaga con tu mano aquella vela
que se extingue en mi voz, no se conduela;
dejemos esta historia al fin conclusa.
No me preguntes nada ni me hables,
te prohibo llamarme con el rito
del pasado, memoria de mi vida.
Aquí no hubo inocentes ni culpables,
deja que arda el papiro de este mito,
y que sane por siempre nuestra herida.
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