E
Edith Elvira Colqui Rojas
Invitado
De agosto vengo llorando, madre,
En caballos blancos de tristeza;
¡Ángeles me dijeron que no habías muerto!
Que tu tez lozana estaba despierta;
que se quedó colgado tu nombre
en las paredes de mi casa modesta.
Obnubilada y alegre
he buscado tus huellas,
pero no hallé tu silueta;
¡Decepcionada,
he llorado como un niño!
Me he secado los ríos de los ojos
he juntado mi pena en un saco
la he querido tirar al mar del olvido
pero infructuosa fue mi empresa:
Tu nombre madre, no se olvida
¡No se sepultan nunca
tus abnegados huesos!
¿Puede acaso el cuerpo olvidarse de su corazón
y vivir sin él?
¿Puede el sol olvidar a la tierra?
y aunque ellos entre sí se olviden,
madre,
yo siempre ondeo tu recuerdo.
Los muros de la verdad me dijeron
que tu cuerpo estaba yerto,
que tu voz ya estaba silenciada en mi huerto.
No les creí, madre,
¡Para mí, tú no has muerto!
Mi piel percibe a diario tu aliento
¿Qué reloj borrará tu tiempo?
Miro al cielo,
allí veo dibujado tus anhelos,
tu brega incansable, tus querencias
y te hago una y mil reverencias.
Madre, tú ya no estás,
pero imperturbable aquí,
quedaron grabados tus amorosos sellos.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
En caballos blancos de tristeza;
¡Ángeles me dijeron que no habías muerto!
Que tu tez lozana estaba despierta;
que se quedó colgado tu nombre
en las paredes de mi casa modesta.
Obnubilada y alegre
he buscado tus huellas,
pero no hallé tu silueta;
¡Decepcionada,
he llorado como un niño!
Me he secado los ríos de los ojos
he juntado mi pena en un saco
la he querido tirar al mar del olvido
pero infructuosa fue mi empresa:
Tu nombre madre, no se olvida
¡No se sepultan nunca
tus abnegados huesos!
¿Puede acaso el cuerpo olvidarse de su corazón
y vivir sin él?
¿Puede el sol olvidar a la tierra?
y aunque ellos entre sí se olviden,
madre,
yo siempre ondeo tu recuerdo.
Los muros de la verdad me dijeron
que tu cuerpo estaba yerto,
que tu voz ya estaba silenciada en mi huerto.
No les creí, madre,
¡Para mí, tú no has muerto!
Mi piel percibe a diario tu aliento
¿Qué reloj borrará tu tiempo?
Miro al cielo,
allí veo dibujado tus anhelos,
tu brega incansable, tus querencias
y te hago una y mil reverencias.
Madre, tú ya no estás,
pero imperturbable aquí,
quedaron grabados tus amorosos sellos.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados