DE COMPASILLO
En un salón dieciochesco
va a celebrarse una fiesta:
las figuras musicales
quieren estar las primeras.
Sentadita en su “diván”,
se encuentra doña Redonda;
de “parleta” está encantada,
feliz, cómoda y oronda.
Vino Blanca acompañada
de un Silencio sigiloso,
ocupando otro compás,
en un tono misterioso.
Negrita llegó después:
esta vez con sus seis damas:
Son Corcheas elegantes
con un zarcillo en su cara.
Y viendo tanto “glamour”
dieciséis Semicorcheas,
deciden por votación
unirse a la “teatrea”.
Treinta y dos fusas confusas
muestran su perplejidad:
¡Vayamos también nosotras!
¡Nadie nos lo impedirá!
Valientes, las Semifusas,
no desean peor trato:
¡Pues no nos podrán callar..!
¡Que somos sesenta y cuatro!
Se oye a alguna protestar:
“-¡Qué apreturas! ¡Qué mareo!
¡No podremos bien cantar
si armamos tanto jaleo!”
Seis “carrozas” aparcadas.
Llega el director de orquesta:
Cada una a su lugar…
¡Pronto se anima la fiesta!
En un salón dieciochesco
va a celebrarse una fiesta:
las figuras musicales
quieren estar las primeras.
Sentadita en su “diván”,
se encuentra doña Redonda;
de “parleta” está encantada,
feliz, cómoda y oronda.
Vino Blanca acompañada
de un Silencio sigiloso,
ocupando otro compás,
en un tono misterioso.
Negrita llegó después:
esta vez con sus seis damas:
Son Corcheas elegantes
con un zarcillo en su cara.
Y viendo tanto “glamour”
dieciséis Semicorcheas,
deciden por votación
unirse a la “teatrea”.
Treinta y dos fusas confusas
muestran su perplejidad:
¡Vayamos también nosotras!
¡Nadie nos lo impedirá!
Valientes, las Semifusas,
no desean peor trato:
¡Pues no nos podrán callar..!
¡Que somos sesenta y cuatro!
Se oye a alguna protestar:
“-¡Qué apreturas! ¡Qué mareo!
¡No podremos bien cantar
si armamos tanto jaleo!”
Seis “carrozas” aparcadas.
Llega el director de orquesta:
Cada una a su lugar…
¡Pronto se anima la fiesta!