Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Hoy escribo de corrido,
permitanme la osadía,
no voy a hablar de Zapata,
tampoco de Pancho Villa,
por armas traigo palabras,
por munición melodías;
si no les gusta el canal
cámbienme de sintonía
y escuchen los principales
con sus cuarenta mentiras.
La fiebre del oro es
la gripe más extendida;
armémonos de vacunas
para curar la avaricia
que merma nuestra salud
y envilece nuestras vidas.
Los dioses nunca mandaron
conquistar la Amazonía
ni salvar almas de un río
que de él mismo dependía;
sus gentes jamás pidieron
a nadie tan cruel conquista,
su manera de vivir
la tenían aprendida.
Poco hay que agradecer
a los que credos vendían
con hambre y esclavitud
en las costas de las Indias.
Pero los tiempos son otros,
con arrojo y valentía,
volveremos a la tierra
y a lo que importa hoy en día...
que es nuestro medio y entorno,
no el negocio imperialista.
El grande se come al chico
y el chico solo se asusta
cuando sus fauces lo atrapan
y engullen su compostura,
su orgullo, su dignidad
y todita su cultura.
¿Para qué sirven las joyas
y el dinero que no usas,
para qué un cáliz de oro,
para qué sirven los curas
que no sirven a su prójimo
y comulgan con la usura?
Para hablarles fue que vine,
con la voz de la impostura,
insumiso de los tiempos
y de toda dictadura;
no quiero tener razón
ni perderla a estas alturas...
es por eso que me iré
con lo dicho hasta la tumba.
permitanme la osadía,
no voy a hablar de Zapata,
tampoco de Pancho Villa,
por armas traigo palabras,
por munición melodías;
si no les gusta el canal
cámbienme de sintonía
y escuchen los principales
con sus cuarenta mentiras.
La fiebre del oro es
la gripe más extendida;
armémonos de vacunas
para curar la avaricia
que merma nuestra salud
y envilece nuestras vidas.
Los dioses nunca mandaron
conquistar la Amazonía
ni salvar almas de un río
que de él mismo dependía;
sus gentes jamás pidieron
a nadie tan cruel conquista,
su manera de vivir
la tenían aprendida.
Poco hay que agradecer
a los que credos vendían
con hambre y esclavitud
en las costas de las Indias.
Pero los tiempos son otros,
con arrojo y valentía,
volveremos a la tierra
y a lo que importa hoy en día...
que es nuestro medio y entorno,
no el negocio imperialista.
El grande se come al chico
y el chico solo se asusta
cuando sus fauces lo atrapan
y engullen su compostura,
su orgullo, su dignidad
y todita su cultura.
¿Para qué sirven las joyas
y el dinero que no usas,
para qué un cáliz de oro,
para qué sirven los curas
que no sirven a su prójimo
y comulgan con la usura?
Para hablarles fue que vine,
con la voz de la impostura,
insumiso de los tiempos
y de toda dictadura;
no quiero tener razón
ni perderla a estas alturas...
es por eso que me iré
con lo dicho hasta la tumba.
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