Darkshade
Poeta adicto al portal
Ya no sé si es de día o de noche
Luego de la masacre. Levantarse entre sombra y sangre no es lo propio (ni lo correcto, a mi juicio) de los seres humanos. Un día leí, de un cualquiera, que años más tarde llamaron sabio, que el hombre puede ser definido como animal racional. ¿Qué tiene de razonable la muerte, cuando está científicamente comprobado que es no más que otro accidente?
Me acabo encima de los terremotos, naturaleza de polvo mortífera Y siempre pienso y re-pienso ¿quién te dio el poder a ti, animal, para apretar un gatillo contra cientos de cerebros, también accidentales? ¡Ay, el día! La luz del sol enceguece las neuronas, los gatos, las redes y hasta la vida misma. ¡Ay, mi noche La noche y su luna del siglo XXI! Porque, si hasta ahora no han comprendido, las puestas lunares también han pasado y estado de moda. Son como el cigarrillo en la boca de una puta, como el chocolate dentro del pastel que ya ha sido devorado por las liebres salvajes de ocho años Son como el pus dentro de una herida maloliente, son como tu voz cuando se inunda entre la flema.
¿Los has visto? Son cadáveres a mi derecha, a mi izquierda, cadáveres negros, amarillos, homosexuales, travestis, punketos, hippies, judíos Son esqueletos con su respectiva etiqueta: formal ceremonia social, años de hostilidad y movilización. ¿Los has olido? Sí, hiede a mierda, a huesos, a escritores que ya no lo serán más Huele a no-cambio trascendental, a hijos de nadie, a hermanos arrinconados tantos otros omitidos; huele a honestidad de gueto maldito Hoy, que no sé si es de día o de noche, huele a infierno Huele a más, huele a limbo
El día del Tren me quise despedir de todos ellos: de los amados, de los odiados, de quienes la desaprobaban, de todos los infelices que decidieron festejarla; porque les digo que sí, hay quienes halagan los despilfarres de desagüe y sangre Hay quienes se jactan de haber luchado hasta morir ¡Por la patria! ¿Cuál patria, si a ella tampoco la elegí? Es cuestión de existencia, de saberme, de saberlos y quererlos libres hasta la última gota Yo sólo tomé el tren ese día; miré los ojos, miré todos los ojos: los grises, los café, los azules de la rubita esa que caía con su bebé entre los brazos ¡Y hay que tocarse los cojones! Porque nunca les importamos
Llevo tres balas en la pierna, dos en un costado y ya estoy comenzando a delirar No hay palabras que me hagan describir esta luz que veo: no sé si es de sol, o de luna No sé si es esto que los católicos llaman Dios Me duele el alma, me duele el aire que respiro y su nariz Me duele arquear las cejas, me duele este lápiz y esta hoja de papel; duele el vaso que sostengo con mi mano izquierda
Y no sé, no sé si es de día o de
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NOTA: Por cuestiones de tiempo, no quise comprometerme a comentar en el concurso de prosa; no obstante, el tema que hubo sido elegido me inspiró estas torpes líneas...
Agradezco a Rosa la organización y, a ella en especial, dedico lo que fueron mis letras.
Me acabo encima de los terremotos, naturaleza de polvo mortífera Y siempre pienso y re-pienso ¿quién te dio el poder a ti, animal, para apretar un gatillo contra cientos de cerebros, también accidentales? ¡Ay, el día! La luz del sol enceguece las neuronas, los gatos, las redes y hasta la vida misma. ¡Ay, mi noche La noche y su luna del siglo XXI! Porque, si hasta ahora no han comprendido, las puestas lunares también han pasado y estado de moda. Son como el cigarrillo en la boca de una puta, como el chocolate dentro del pastel que ya ha sido devorado por las liebres salvajes de ocho años Son como el pus dentro de una herida maloliente, son como tu voz cuando se inunda entre la flema.
¿Los has visto? Son cadáveres a mi derecha, a mi izquierda, cadáveres negros, amarillos, homosexuales, travestis, punketos, hippies, judíos Son esqueletos con su respectiva etiqueta: formal ceremonia social, años de hostilidad y movilización. ¿Los has olido? Sí, hiede a mierda, a huesos, a escritores que ya no lo serán más Huele a no-cambio trascendental, a hijos de nadie, a hermanos arrinconados tantos otros omitidos; huele a honestidad de gueto maldito Hoy, que no sé si es de día o de noche, huele a infierno Huele a más, huele a limbo
El día del Tren me quise despedir de todos ellos: de los amados, de los odiados, de quienes la desaprobaban, de todos los infelices que decidieron festejarla; porque les digo que sí, hay quienes halagan los despilfarres de desagüe y sangre Hay quienes se jactan de haber luchado hasta morir ¡Por la patria! ¿Cuál patria, si a ella tampoco la elegí? Es cuestión de existencia, de saberme, de saberlos y quererlos libres hasta la última gota Yo sólo tomé el tren ese día; miré los ojos, miré todos los ojos: los grises, los café, los azules de la rubita esa que caía con su bebé entre los brazos ¡Y hay que tocarse los cojones! Porque nunca les importamos
Llevo tres balas en la pierna, dos en un costado y ya estoy comenzando a delirar No hay palabras que me hagan describir esta luz que veo: no sé si es de sol, o de luna No sé si es esto que los católicos llaman Dios Me duele el alma, me duele el aire que respiro y su nariz Me duele arquear las cejas, me duele este lápiz y esta hoja de papel; duele el vaso que sostengo con mi mano izquierda
Y no sé, no sé si es de día o de
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NOTA: Por cuestiones de tiempo, no quise comprometerme a comentar en el concurso de prosa; no obstante, el tema que hubo sido elegido me inspiró estas torpes líneas...
Agradezco a Rosa la organización y, a ella en especial, dedico lo que fueron mis letras.