Camy
Camelia Miranda
No se tiempla una quebrada de olvido
cuando prepondera su cuesta abismal,
ni se endereza un horizonte bajo los pies perdidos
porque es viruta hambrienta por su sed de lluvia.
Y es tan inexorable, cuando amolda la invalidez de un suspiro
en el bullicio de un somnífero recuerdo,
que se funde con la palidez de la almohada.
Entonces se vuelve más cruento el ápice de la noche
al querer sostener el quejido de una lágrima
y su cerrazón, inevitable requiebra con salobre humor.
No, no se mece la esperanza en un trago
cuando se tuerce en la bruma de la lengua.
Ni tampoco con la ceniza más ardorosa,
se puebla una ciénaga en su costado más desnudo…