José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desistía de sus ausentes miradas,
de sus vasos de leche caliente.
Una parturienta.
Una nueva vida empieza.
Fuera de tu espíritu, incluso limitado por tu cuerpo,
por tu carne,
prevalece la oscuridad.
Fuera de ti, de tu caleidoscópica mano,
desinteresado del ligamento a la mía
sigue la misma oscuridad.
De la oscuridad
tus manos,
de tantos años corridos
en la máquina del tiempo.
De repente el futuro en el presente
tus manos
las uñas
marcando ilimitadas carreteras en mi cuerpo.
Mi carne
desdibujando tu espíritu.
Indefinidamente,
el marcaje de los segundos abandonados
difuminas carnes, cuerpos y espíritus.
Se acaba el poema
la madre ya ha parido,
el bebé tuvo más de
cuarenta años.
(Se recomienda a las embarazadas
que nunca viajen en máquinas del tiempo).
de sus vasos de leche caliente.
Una parturienta.
Una nueva vida empieza.
Fuera de tu espíritu, incluso limitado por tu cuerpo,
por tu carne,
prevalece la oscuridad.
Fuera de ti, de tu caleidoscópica mano,
desinteresado del ligamento a la mía
sigue la misma oscuridad.
De la oscuridad
tus manos,
de tantos años corridos
en la máquina del tiempo.
De repente el futuro en el presente
tus manos
las uñas
marcando ilimitadas carreteras en mi cuerpo.
Mi carne
desdibujando tu espíritu.
Indefinidamente,
el marcaje de los segundos abandonados
difuminas carnes, cuerpos y espíritus.
Se acaba el poema
la madre ya ha parido,
el bebé tuvo más de
cuarenta años.
(Se recomienda a las embarazadas
que nunca viajen en máquinas del tiempo).
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