Orfelunio
Poeta veterano en el portal
De fuego y caña
De cuantos están y no ven
no pocos ocultan la tara;
muchos serán los que no estén
si nadie se mide la cara.
El agua es para el pez,
la tierra para la acampada;
el cielo por resolver
del tiempo que hará mañana.
No somos más que del ser
el humo que deja la brasa,
se apaga si en viento se fue
la vida que estaba en la rama.
Y aquel que me inhale sabrá
de aromas que dieron la talla;
si no sabe oler no tendrá
futuros de fuego y de caña.
El hielo verá su porqué,
estático y frío silente;
la fuerza que empuja y me estalla,
los mares y ríos de fe;
las tierras en teas ardientes
serán de los soles quincalla.
Apareció el león con su garra
y vio que no tenía ni zapa,
la garra era del gato
y el gato tenía a la gata.
Y vino dios y le dijo:
Aquí tienes tu lata,
no te la tomes por pijo
tómatela con más calma
Después un cuerno de toro,
más tarde un rabo de perro,
luego un ojo de gallo,
y más un morro de cerdo.
Todo estaba en la reserva
y todo le era de nuevo,
nunca vio un hombre en conserva
ni supo sabores del viento;
ni humos, ni pastos de hierba,
ni flores había en su infierno.
De cuantos están y no ven
no pocos ocultan la tara;
muchos serán los que no estén
si nadie se mide la cara.
El agua es para el pez,
la tierra para la acampada;
el cielo por resolver
del tiempo que hará mañana.
No somos más que del ser
el humo que deja la brasa,
se apaga si en viento se fue
la vida que estaba en la rama.
Y aquel que me inhale sabrá
de aromas que dieron la talla;
si no sabe oler no tendrá
futuros de fuego y de caña.
El hielo verá su porqué,
estático y frío silente;
la fuerza que empuja y me estalla,
los mares y ríos de fe;
las tierras en teas ardientes
serán de los soles quincalla.
Apareció el león con su garra
y vio que no tenía ni zapa,
la garra era del gato
y el gato tenía a la gata.
Y vino dios y le dijo:
Aquí tienes tu lata,
no te la tomes por pijo
tómatela con más calma
Después un cuerno de toro,
más tarde un rabo de perro,
luego un ojo de gallo,
y más un morro de cerdo.
Todo estaba en la reserva
y todo le era de nuevo,
nunca vio un hombre en conserva
ni supo sabores del viento;
ni humos, ni pastos de hierba,
ni flores había en su infierno.