Luis Libra
Atención: poeta en obras
`
¡Sorprendente! descubrir un día
que los gatos (sí, esos animalitos
que nunca sabrán utilizar internet)
se inventaron -aun sin ellos saberlo-
para ser mimados, alimentados,
y queridos por sus peligrosos
e inestables vecinos humanos.
Lo que nos lleva a la pregunta:
¿cómo entonces aceptar -y agradecer- que uno existe
para ser protegido y amado por quien
(otras veces) le abandona, le atropella
o, en el mejor de los casos, le permite
alimentarse con el triste montón de sus sobras?
Y es que Dios, o como se llame,
y sus representantes freelances
no olvidan inyectar a sus cachorros
predilectos su vacuna trivalente
contra la clarividencia, el sentido común
y los finales felices;
ni procurarles un hábitat acogedor
en esa charca amparada por fértiles
nubes para su desarrollo evolutivo
e idílica industria multifamiliar.
Nos regalan el sol, el baile de las hojas
a merced del viento, el pop meloso
y un catálogo de dulces y zainas adicciones
envueltas con la perfumada servidumbre
de la felicidad "made in el Paraíso",
y, alegres, nos sueltan como gaviotas al temporal,
a las deslumbrantes trolas hollywoodienses
y a playas llenas de simpáticos y mártires
cangrejos que sonríen con sus negros
y condescendientes ojos,
mientras los hervimos con arroz
y perejil a la temperatura del infierno.
Gatos y humanos ronroneamos
mientras dura nuestra dicha,
hacemos saltos imposibles, y hasta caemos de pie
(casi nunca) en plena traslación y rotación
de nuestro resbaladizo y de ufana
gravedad hogar planetario,
... aunque a menudo (casi siempre)
acabamos maldiciendo nuestro pésimo cálculo
tras el aterrizaje fallido.
Pero aun así nos revolvemos,
malheridos, envueltos en barro.
Con la fuerza del orgullo mordemos el aire
y a quien se nos ponga delante.
Nos incorporamos como aves Fénix
sobre lava incandescente entre la roca del destino,
cual audaces ludópatas
cuya apuesta excede su liquidez;
unos, recompensados
con sus siete (aunque cortas) vidas,
otros, con una guay y eterna,
mas condicionada a que a su primo,
(ese drogadicto, pervertido sexual
y jodeplanes de diablo) nunca ¡ni agua!
_______
¡Sorprendente! descubrir un día
que los gatos (sí, esos animalitos
que nunca sabrán utilizar internet)
se inventaron -aun sin ellos saberlo-
para ser mimados, alimentados,
y queridos por sus peligrosos
e inestables vecinos humanos.
Lo que nos lleva a la pregunta:
¿cómo entonces aceptar -y agradecer- que uno existe
para ser protegido y amado por quien
(otras veces) le abandona, le atropella
o, en el mejor de los casos, le permite
alimentarse con el triste montón de sus sobras?
Y es que Dios, o como se llame,
y sus representantes freelances
no olvidan inyectar a sus cachorros
predilectos su vacuna trivalente
contra la clarividencia, el sentido común
y los finales felices;
ni procurarles un hábitat acogedor
en esa charca amparada por fértiles
nubes para su desarrollo evolutivo
e idílica industria multifamiliar.
Nos regalan el sol, el baile de las hojas
a merced del viento, el pop meloso
y un catálogo de dulces y zainas adicciones
envueltas con la perfumada servidumbre
de la felicidad "made in el Paraíso",
y, alegres, nos sueltan como gaviotas al temporal,
a las deslumbrantes trolas hollywoodienses
y a playas llenas de simpáticos y mártires
cangrejos que sonríen con sus negros
y condescendientes ojos,
mientras los hervimos con arroz
y perejil a la temperatura del infierno.
Gatos y humanos ronroneamos
mientras dura nuestra dicha,
hacemos saltos imposibles, y hasta caemos de pie
(casi nunca) en plena traslación y rotación
de nuestro resbaladizo y de ufana
gravedad hogar planetario,
... aunque a menudo (casi siempre)
acabamos maldiciendo nuestro pésimo cálculo
tras el aterrizaje fallido.
Pero aun así nos revolvemos,
malheridos, envueltos en barro.
Con la fuerza del orgullo mordemos el aire
y a quien se nos ponga delante.
Nos incorporamos como aves Fénix
sobre lava incandescente entre la roca del destino,
cual audaces ludópatas
cuya apuesta excede su liquidez;
unos, recompensados
con sus siete (aunque cortas) vidas,
otros, con una guay y eterna,
mas condicionada a que a su primo,
(ese drogadicto, pervertido sexual
y jodeplanes de diablo) nunca ¡ni agua!
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