Sara Lebrel
Poeta recién llegado
De Jávea a Jaraicejo
hay mucho estrecho de pingüinos en la montaña.
Llevo abierta la vida con el corazón en la guantera
y tu canción en bucle con tu alma por bandera.
La A-3 se empeña en impedir lo inevitable,
no quiere que llegue y yo me rompo el vestido por hacerlo.
Las matrículas están vacías,
ya no cantan en el coche hasta quedarse afónicos
ni preguntan cuánto falta.
La vida se les esfuma por el esófago
mientras piensan que es ardor
o esa enfermedad que lo irrita y les mata de dolor.
Llegamos y te presenté al mundo y a mi boca
como el causante de algo que no sabía muy bien cómo afrontar.
Habías pirateado mis principios,
izado todas mis velas y destrozado todos mis finales.
Me hiciste desastre natural en tu casa.
El sastre nos cosió la vida dejándonos las sábanas a mitad de precio
y la muerte por asfixia rondándonos los tobillos.
Y ahora dime, ¿qué has hecho de mí?
¿Dónde me has escondido?
No es que quiera hallarme, es pura curiosidad,
ganas de verme algún día podando los rosales,
doblando calcetines
o quemando la ropa al plancharla.
Dime qué has hecho con mis dientes,
que ya no sonríen ni te muerden.
Qué has hecho de mi nariz,
que ya no se acerca a tu cara para calentarse en la cabalgata.
Dime qué has hecho con los cortejos
que terminan en polvos en el suelo,
con mis vaqueros y la talla de tus botas.
De Jávea a Jaraicejo hay un paraíso de esperanza,
de vuelos de faldas,
de ríos de cinturones en el portal de tu casa
y de oraciones por la indiferencia del Manzanares,
que nos mira celoso como queriendo sumarse.
De Jávea a Jaraicejo nos encontraremos,
saludaremos a nuestros órganos
y los meteremos a presión por el esófago irritado
de eosinófilos sedientos.
De Jávea a Jaraicejo nos encontraremos.
hay mucho estrecho de pingüinos en la montaña.
Llevo abierta la vida con el corazón en la guantera
y tu canción en bucle con tu alma por bandera.
La A-3 se empeña en impedir lo inevitable,
no quiere que llegue y yo me rompo el vestido por hacerlo.
Las matrículas están vacías,
ya no cantan en el coche hasta quedarse afónicos
ni preguntan cuánto falta.
La vida se les esfuma por el esófago
mientras piensan que es ardor
o esa enfermedad que lo irrita y les mata de dolor.
Llegamos y te presenté al mundo y a mi boca
como el causante de algo que no sabía muy bien cómo afrontar.
Habías pirateado mis principios,
izado todas mis velas y destrozado todos mis finales.
Me hiciste desastre natural en tu casa.
El sastre nos cosió la vida dejándonos las sábanas a mitad de precio
y la muerte por asfixia rondándonos los tobillos.
Y ahora dime, ¿qué has hecho de mí?
¿Dónde me has escondido?
No es que quiera hallarme, es pura curiosidad,
ganas de verme algún día podando los rosales,
doblando calcetines
o quemando la ropa al plancharla.
Dime qué has hecho con mis dientes,
que ya no sonríen ni te muerden.
Qué has hecho de mi nariz,
que ya no se acerca a tu cara para calentarse en la cabalgata.
Dime qué has hecho con los cortejos
que terminan en polvos en el suelo,
con mis vaqueros y la talla de tus botas.
De Jávea a Jaraicejo hay un paraíso de esperanza,
de vuelos de faldas,
de ríos de cinturones en el portal de tu casa
y de oraciones por la indiferencia del Manzanares,
que nos mira celoso como queriendo sumarse.
De Jávea a Jaraicejo nos encontraremos,
saludaremos a nuestros órganos
y los meteremos a presión por el esófago irritado
de eosinófilos sedientos.
De Jávea a Jaraicejo nos encontraremos.