Sinuhé
Poeta adicto al portal
Tus ojos, ya lo sabes: fogatas de luna.
En el almendro tu aliento era, el incesante pecado.
El faro que ilumina tu calle aparenta las casas y aceras,
las mismas del vado.
Cuando florece en el patio el recuerdo y los domingos,
te acompaña la vigilia del huerto; extraña certidumbre.
¿Qué si pasaste?
Tocaste la una, las tres despiertan del frío,
en las calles de tierra la cal dibuja sus sonrisas.
Era el camino del árbol grande, el de fin de febrero;
el símbolo, del común volar en las cenizas.
Amaneciste, lloviznada y sola.
El secreto es tuyo, celeste amor callado;
densidad de ciénaga... ¿eterno?
Regresas, de la noche y la historia del mundo.
En el almendro descubres los frutos, mojados.
Tu amor, ¿existe?
Cierras los ojos, imaginas la hoguera.
Tu cómplice, el secreto a gritos.
......
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En el almendro tu aliento era, el incesante pecado.
El faro que ilumina tu calle aparenta las casas y aceras,
las mismas del vado.
Cuando florece en el patio el recuerdo y los domingos,
te acompaña la vigilia del huerto; extraña certidumbre.
¿Qué si pasaste?
Tocaste la una, las tres despiertan del frío,
en las calles de tierra la cal dibuja sus sonrisas.
Era el camino del árbol grande, el de fin de febrero;
el símbolo, del común volar en las cenizas.
Amaneciste, lloviznada y sola.
El secreto es tuyo, celeste amor callado;
densidad de ciénaga... ¿eterno?
Regresas, de la noche y la historia del mundo.
En el almendro descubres los frutos, mojados.
Tu amor, ¿existe?
Cierras los ojos, imaginas la hoguera.
Tu cómplice, el secreto a gritos.
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