charlie ía
tru váyolens
de la guerra y la paz.
para tu diplomacia de las cañoneras
yo tengo la carcajada
durante el chubasco frío de la medianoche
la sangre que me hierve para quebrarte la nariz
de un solo cachimbazo
el pavimento mojado
con el amor frágil de una japonesa
que eternamente se quedó bailando conmigo medio borracho;
el sonido del tintineo metálico encima de la cabeza
y el machete con el que explotan
los racimos cada sábado
entre las llagas abiertas de lo rural.
ahora me dirás que las luces se apagan
y que las fantasías dejarán de serlo al mirarnos
frente al espejo:
sí, pero queda la fuerza
de la llama encendida de los brazos
como los besos de una japo en una disco
pueden sentirse aún sobre la piel.